
Hay planes que parecen diseñados para resolver el dilema del fin de semana en familia: combinar algo cultural, un poco de naturaleza y una actividad que guste tanto a adultos como a niños. El Tren del Vino, que recorre el tramo entre Tudela y Bilbao, es una de esas experiencias consolidadas que se apoyan en el patrimonio enológico del País Vasco y Navarra para montar una jornada distinta. La idea es sencilla: subir al tren y dejar que el paisaje de viñedos y bodegas sea el hilo conductor, con catas y visitas culturales repartidas a lo largo del trayecto. Es un plan diurno, pensado para ir con niños y sin prisa, muy ligado a la cultura del vino de estas dos comunidades.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de San Sebastián y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
Para entender por qué el tren encaja tan bien aquí conviene mirar un poco atrás. La línea ferroviaria que une Tudela con Bilbao se puso en servicio a finales de agosto de 1863, con estaciones provisionales, y su historia no estuvo exenta de sobresaltos: la estación de Abando, en Bilbao, sufrió el colapso de su cubierta metálica un Jueves Santo de 1864. La construyó la Compañía del Ferrocarril de Tudela a Bilbao, financiada por el Banco de Bilbao, fundado en 1857, y con proyectos firmados por ingenieros como Charles Blacker Vignoles y Calixto Santa Cruz. Ese mismo trayecto que hoy se recorre con una copa en la mano fue, en su momento, una obra de ingeniería clave para conectar el interior con el puerto.
El enoturismo en tren no es nuevo, y el modelo tiene paralelismos interesantes. Existe, por ejemplo, el Tren del Vino de Valladolid, un viaje de ida y vuelta desde Madrid que en una hora y pico te deja en Valladolid y te abre diez rutas por las denominaciones de Ribera del Duero, Rueda, Cigales y Toro, con precios en torno a los 109 euros para adultos y 89 para niños y salidas los sábados de febrero a noviembre. La diferencia es que el tramo Tudela-Bilbao se apoya en un territorio donde el vino es parte del paisaje cotidiano, no una excursión puntual.
La región que se contempla desde la ventanilla es, además, una de las más laureadas del mundo. En La Rioja conviven bodegas centenarias como López de Heredia, fundada en 1877 en el Barrio de la Estación de Haro, con propuestas más contemporáneas como Bodegas Ontañón, en Logroño, que desde 1982 ha creado el Templo del Vino, un espacio enológico a pocos minutos del centro. También están Marqués de Riscal, en Elciego, con su edificio firmado por Frank Gehry, o Bodegas Vivanco, en Briones, que alberga el Museo de la Cultura del Vino más importante del mundo. La denominación, por cierto, vive un momento histórico: el 24 de junio de 2025, Raquel Pérez Cuevas asumió la presidencia del Consejo Regulador de la DOCa Rioja, convirtiéndose en la primera mujer en presidirlo.
En el fondo, el Tren del Vino es una forma cómoda de descubrir ese mapa: viñedos, bodegas y pueblos con historia, todo sin moverse del raíl. Para quien busca un plan familiar que no sea el habitual, es una opción que combina transporte, paisaje y cultura en un solo billete.
Fecha de publicación
25 de agosto de 2026
Más información