
San Sebastián acaba de cerrar un fin de semana marcado por el sonido de las sartenes y el baile de las nodrizas. Estas celebraciones, que tienen lugar el sábado y domingo más cercanos a la Candelaria, funcionan como el aviso oficial de que el Carnaval está a la vuelta de la esquina. Los Caldereros y las comparsas de Iñudes y Artzaiak no son solo desfiles; representan un centro simbólico de la identidad comunitaria donostiarra que ha sabido adaptarse con el tiempo, pasando de ser eventos puramente masculinos a espacios donde la igualdad de género ha ganado terreno, no sin esfuerzo.
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La tradición de los Caldereros se remonta al 2 de febrero de 1884. La fiesta nació como una parodia de las tribus de zíngaros húngaros que llegaban a la ciudad para reparar utensilios de cocina. Durante décadas, el desfile estuvo compuesto exclusivamente por hombres, mientras que las mujeres quedaban relegadas a un papel de acompañantes sin participación activa en la música o el mando. Fue en 1980 cuando la sociedad Kresala rompió esta norma, permitiendo que las mujeres se incorporaran plenamente a la comparsa. Este cambio generó una división histórica en la Parte Vieja que todavía hoy se percibe en la coexistencia de dos grupos: la Primitiva Comparsa, que mantiene el formato excluyente, y la Comparsa Tradicional, que es mixta y cuenta con el reconocimiento oficial. El pasado sábado 7 de febrero, más de 400 personas repartidas en 19 tribus recorrieron las calles de lo Viejo haciendo sonar sus martillos contra las sartenes al ritmo de las composiciones de Raimundo Sarriegui.
El domingo 8 de febrero fue el turno de las nodrizas y los pastores. La comparsa de Iñudes y Artzaiak recrea el galanteo entre estos personajes cuando los pastores bajaban a la ciudad. Su origen se sitúa en 1885, aunque la festividad desapareció en 1912 cuando el día de la Candelaria dejó de ser festivo. La sociedad Kresala la recuperó definitivamente en 1977, y este 2026 la comparsa ha celebrado su 50 aniversario. A pesar de la lluvia que marcó la jornada del domingo, unas 200 personas desfilaron por la Parte Vieja. El desfile incluye personajes de época como el alcalde y su mujer, el obispo, el secretario y los miqueletes, acompañados por tamborreros. Uno de los momentos más característicos es la parodia de la vacunación, donde las iñudes lanzan muñecos de bebé al aire mientras los pastores realizan saltos festivos.
La sociedad Kresala, fundada en 1967 por el sacerdote Jesús Aldanondo, ha sido el motor principal de estas tradiciones en la Parte Vieja. Su labor integradora ha sido reconocida incluso con el Tambor de Oro, destacando su papel pionero al incluir a las mujeres como barrileras en la Tamborrada de 1980 y recuperar las Iñudes. En los desfiles de este último fin de semana, se ha visto una participación masiva en barrios como Gros, donde la comparsa Artainu celebró su 25 aniversario, o en Amara con Ikasbide. El alcalde de la ciudad, Jon Insausti, se unió al desfile de Kresala el pasado domingo, subrayando el peso institucional de una fiesta que, aunque nació en el siglo XIX, sigue siendo una de las citas más queridas del calendario local. Los recorridos terminaron con los bailes tradicionales de fandango y arin-arin, cerrando así el ciclo que nos deja a las puertas de los días grandes de Carnaval.
Fecha de publicación
10 de febrero de 2026
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