
Hay una calle en el Casco Viejo que lleva el nombre de una fecha: 31 de agosto. Es la más antigua de San Sebastián y la única que sobrevivió entera al ataque, salvo las casas pegadas al monte Urgull. Ese día de 1813, tras un asedio que empezó el 7 de julio, las tropas anglo-portuguesas del duque de Wellington tomaron la ciudad y la guarnición francesa, al mando del general Louis Emmanuel Rey, se rindió. Lo que siguió fue el saqueo y la quema de Donostia: unos 600 edificios reducidos a cenizas, entre ellos el ayuntamiento y la oficina de registros, y entre 850 y 1.000 habitantes muertos en el asalto y el incendio. La ciudad ardió durante siete días.
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Para recordar aquello, la asociación Donostia Sutan 1813 ha programado entre el 27 de agosto y el 4 de septiembre una serie de actos de recuperación de la memoria histórica repartidos por la Parte Vieja. El programa abre con una misa solemne en la basílica de Santa María a las 11:30, una ofrenda floral en Portaletas a las 12:45 y la recreación de la llegada de las tropas inglesas desde la Zurriola a las 16:00. A las 19:00, en el Boulevard, hay una recreación histórica con minuto de silencio e interpretación de la Martxa Primitiva, y ya de noche se escenifica la quema de la ciudad entre el paseo de los Curas y la calle 31 de agosto.
El plato fuerte es el teatro itinerante sobre el asalto y la destrucción, que arranca a las 20:00 del sábado 30 de agosto en la iglesia de San Vicente y termina en la plaza Berria. Es la parte más escénica del programa, y se le suma la Zuzi Martxa, la marcha de antorchas que recorre la calle 31 de agosto a las 20:00 del 5 de septiembre. Otro acto con peso simbólico es la «Marcha del Silencio», una procesión de la memoria que sale del paseo de La Concha y acaba en la Plaza de la Constitución con una ceremonia interreligiosa. Y en la víspera del 31 de agosto, a las 23:00, la campana de la iglesia de San Vicente tañe 52 veces, una por cada casa destruida, mientras las calles del Casco Viejo se iluminan solo con velas.
Si te quedas con ganas de más, el asedio dejó huellas que se pueden visitar el resto del año. La iglesia de San Vicente, la basílica de Santa María del Coro, el convento de San Telmo y el castillo de la Mota, en lo alto del monte Urgull, son los lugares clave para entender lo que pasó. La calle 31 de agosto, por su parte, sigue siendo el testigo más directo: es la única que quedó en pie y la más antigua de la ciudad. Entre el teatro, las antorchas y las campanas, la asociación Donostia Sutan 1813 convierte una fecha negra en una forma distinta de descubrir la historia de San Sebastián, y esta vez en familia.
Fecha de publicación
23 de agosto de 2026
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