
Hay citas que no necesitan cartel grande ni escenario montado para llenar una iglesia. La Salve es una de ellas: una pieza para ocho voces y órgano que suena cada víspera de la Virgen en la Basílica de Santa María del Coro y que, más que un concierto, es una costumbre donostiarra. La versión de este año ya pasó, pero merece que se cuente cómo fue, porque explica buena parte de lo que hace distinta a la Semana Grande de San Sebastián.
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El Orfeón Donostiarra la interpretó el viernes 14 de agosto durante la misa de la víspera, oficiada por el obispo de San Sebastián, Fernando Prado. La Eucaristía empezó a las 18:30 y la intervención del coro, junto con los asistentes que quisieran sumarse, llegó alrededor de las 19:15. Al día siguiente, el sábado 15, el Orfeón volvió a la basílica para intervenir en la Misa Mayor, prevista a las 11:30. Para quien se lo perdiera, el coro había organizado dos ensayos abiertos al público: uno el jueves 13 a las 19:00 y otro el mismo viernes 14 a las 18:00, justo antes de la ceremonia.
La historia de la pieza es tan local como su interpretación. Nació en 1934, cuando el párroco de la basílica, Agustín Enville, encargó al compositor italiano Licinio Refiche una obra para ocho voces y órgano que pudiera sonar cada víspera de la Virgen. Se estrenó ese mismo año en Santa María del Coro y, desde entonces, se ha convertido en uno de los dos actos símbolos de la víspera, junto al Festara. La interpretación de este año celebró además el 92 aniversario de la obra, y el Orfeón la cantó por tercer año consecutivo.
La Salve se enmarca dentro de la Semana Grande de Donostia / San Sebastián, que este año reunió 416 actividades repartidas en 30 espacios, organizadas por el Ayuntamiento a través de Donostia Kultura Festak. Dentro del programa musical, comparte espacio con los conciertos de Sagüés, en la plaza Tomás Alba, que arrancan cada noche a las 23:45. Por allí pasaron nombres muy distintos entre sí: la banda toledaña Veintiuno, Nat Simons con Aurora Beltrán, las Sanguijuelas del Guadiana, una Orquesta Mondragón que celebró su 50 aniversario, el pop-rock catalán de Malmö 040, la trikitixa electrónica de SÜNE, la Lia Kali premiada por la Academia de la Música y el triki pop hernaniarra de Etzakit, que volvió tras su disolución en 2003.
Alrededor de esa cita musical giró el resto de la fiesta: las visitas guiadas a los refugios climáticos de la ciudad, las tardes de baile en la terraza del Kursaal, el concurso 'Kokotxas al pil-pil', el eclipse parcial de Sol del día 12 con actividades en la plaza Cataluña y Sagüés, y los clásicos Gigantes y Cabezudos recorriendo las calles cada tarde. Y, por supuesto, el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales en la bahía de La Concha, que cerró con la Pirotecnia Valenciana llevándose otra vez la Concha de Oro. La Salve, en cambio, no compite con nadie: suena en la basílica, con el coro y la gente, y ahí está su gracia.
Fecha de publicación
18 de agosto de 2026
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