
Siempre que hablamos de comer en San Sebastián, la conversación gira inevitablemente en torno a los pintxos, el txangurro o la tarta de queso de La Viña. Pero si has estado por aquí últimamente, seguro que has notado que la ciudad está viviendo una pequeña revolución culinaria que va mucho más allá de lo vasco. Me refiero al boom de la gastronomía latinoamericana, que ha pasado de ser una rareza a una oferta variada y de calidad.
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El punto de partida de esta ruta es la cocina peruana, que está en pleno apogeo. Sitios como Tayta Peruano (en Larramendi Kalea) han ganado mucha tracción, en parte gracias a la difusión en redes sociales, que ha puesto el foco en su propuesta original y sabrosa. Los comentarios de los clientes, incluso a finales de 2025, destacan que, aunque la presentación es de alta cocina, la comida es muy rica y bien cocinada. Si buscas algo más centrado en el producto marino, APU • MAR en Gros, cuyo nombre significa 'Dios del mar' en inca, se enfoca en los frutos del mar con mucho color y sabor auténtico. Y si te apetece una experiencia más sofisticada, Artean Barra Abierta (en Paseo de Colón), regentado por los chefs peruanos Germán Berrocal y Anali Paytan, ofrece un menú degustación de alta gama en formato barra, demostrando que la cocina peruana en Donostia ya juega en las grandes ligas.
Pero la influencia latina no es solo una moda pasajera; en San Sebastián, la conexión es histórica. Topa Sukaldería (Agirre Miramon Kalea), ideado por Andoni Luis Aduriz, explora precisamente esa hibridación vasco-latina, que se remonta a la migración. Allí puedes probar sus famosos tacotalos (la unión del taco mexicano con el talo vasco) o el txoripan de txistorra. En la misma línea de fusión, pero con un acento más mexicano, está Gatxupa (Usandizaga Kalea), donde el chef Bruno Oteiza, que vivió 25 años en México, defiende que la cocina vasca y la mexicana son casi hermanas: para él, los chipirones en su tinta son un mole negro y la salsa vizcaína, un manchamanteles. Es un lugar donde la identidad es fluida y el resultado es una mezcla sin complejos.
Si ampliamos el mapa, la diversidad es aún mayor. En el Boulevard, Arenales ofrece una cocina de mezclas insólitas con toques argentinos, como la entrécula de ternera con chimichurri. Y si te mueves al barrio de Lorea, el Coffee Bar Heder, liderado por el dominicano Wander Caamaño García (que pasó por los fogones de Martín Berasategui), es un pequeño tesoro que sirve especialidades vasco-hispano-caribeñas, desde nachos mexicanos hasta pollos asados con el marinado típico dominicano, siendo una opción más asequible y con un ambiente muy acogedor. Incluso el mundo dulce se ha latinizado: en el Centro, Lurka es una tienda-cafetería-obrador de chocolate bean to bar (del haba a la tableta), donde el chef mexicano Pablo Ibarreche y su socia Cristina Castellanos mezclan la tradición chocolatera vasca con el cacao mexicano, ofreciendo tabletas con toques de maíz o nísperos.
Esta ruta demuestra que San Sebastián ha interiorizado y aceptado esta revolución silenciosa, como la llama el director del Basque Culinary Center. Ya no se trata solo de encontrar un buen pintxo, sino de explorar cómo la ciudad se ha convertido en una pequeña Babilonia gastronómica donde los sabores de Latinoamérica conviven y enriquecen la mesa donostiarra.
Fecha de publicación
4 de febrero de 2026
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