
El pasado 31 de agosto, San Sebastián volvió a hacer lo que pocos se atreven: apagar el alumbrado público y dejar que la ciudad se iluminara solo con velas. No es un capricho estético ni una campaña turística, sino una de las tradiciones más antiguas y conmovedoras de la ciudad, que este año recordó el 213 aniversario del asedio y la quema de Donostia en 1813. Para quien no lo haya vivido nunca, el efecto es difícil de describir: las calles quedan en penumbra y, de repente, miles de velas empiezan a asomar por portales y balcones, mientras un paseo ceremonial con antorchas recorre el centro.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de San Sebastián y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
El origen explica todo. En 1813, las tropas anglo-portuguesas, apoyadas por españoles, asediaron la villa y terminaron quemándola casi por completo. Murieron unas 1.600 personas de los 5.000 habitantes que había entonces, es decir, más del 30% de la población, y se destruyó prácticamente todo, salvo un tramo de la antigua calle de la Trinidad, que hoy lleva precisamente el nombre de calle 31 de Agosto. La noche de las velas es la manera que tiene la ciudad de no olvidar aquel incendio.
La jornada no empezó al anochecer. Hubo misa solemne en la iglesia de San Vicente a las 11:30 y ofrenda floral en la Puerta de Mar, en las Portaletas, a las 13:00. Por la tarde, las sociedades de la Patiña bajaron desde la plaza Virgen del Coro hasta la plaza Zuloaga, y desde el espigón del Kursaal y la batería-mirador del monte Urgull sonaron los cañonazos. A las 18:00, la asociación Donostia 31 kultur taldea entregó una placa a Save the Children en la plaza Zuloaga, y a las 19:00, tras un minuto de silencio en el kiosko del Boulevard, las tamborradas interpretaron la antigua marcha de San Sebastián mientras se escenificaba el asedio. A las 21:00 se representó el asalto al castillo y la quema en Zuloaga, y media hora más tarde se simuló el incendio en el paseo de los Curas y en la Batería del Mirador.
El momento más reconocible llegó al caer la noche. Tras el repique de campanas de varias iglesias, se apagó el alumbrado público y se encendieron las velas en portales y balcones. Al mismo tiempo, unas 150 personas protagonizaron el paseo ceremonial con antorchas, desde el atrio de San Vicente hasta la Basílica de Santa María. Es una imagen que se repite año tras año y que convierte el centro en algo irreconocible respecto a cualquier otra noche del calendario.
Si te lo perdiste este año, conviene tenerlo en el radar para el próximo 31 de agosto. Es una de esas citas que no se anuncian con carteles grandes pero que cambian por completo la cara de la ciudad durante unas horas. Y si te quedas con ganas de ver a San Sebastián iluminada de otra manera, la Catedral del Buen Pastor mantiene estos días su espectáculo 'Luminiscence', que cuenta la historia del templo con videomapping y música en vivo. La catedral, por cierto, es el edificio religioso más alto de Guipúzcoa, con 75 metros de torre y vidrieras de colores, y se puede visitar también fuera del espectáculo.
Fecha de publicación
1 de septiembre de 2026