
Pasear por la bahía de La Concha es uno de esos planes habituales para cualquier donostiarra, pero la playa de Ondarreta guarda un elemento curioso que llama la atención de cualquiera que se acerque con marea baja. En pleno arenal del barrio del Antiguo, especialmente en la zona intermareal cercana a la rampa frente al Club de Tenis y hasta el puesto de los socorristas, afloran de entre la arena unos bloques y cantos rodados tallados a los que popularmente se les conoce como los "moáis vascos". Su apariencia recuerda a las célebres esculturas de la isla de Pascua y se han convertido en un punto muy fotogénico para quien recorre la orilla entre el Pico del Loro y el Peine del Viento.
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Lejos de ser un misterio de origen ancestral, la presencia de estas estructuras responde a la propia historia del litoral urbano. Según los estudios realizados por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, entre el 90% y el 95% de este material acumulado en los 60.000 metros cuadrados de la playa son escombros de origen antrópico. En concreto, se trata de restos de un antiguo campo militar levantado en 1873 y de la desaparecida cárcel de Ondarreta —construida en 1888 y demolida a mediados del siglo pasado, en 1949—. El afloramiento de estos bloques de hormigón, ladrillo y piedra se acentuó a partir de 2005, cuando se retiró el viejo muro de contención de la costa, permitiendo que las mareas y la erosión dejaran al descubierto la capa rocosa oculta bajo la arena.
La convivencia entre los bañistas y estas piedras ha sido un tema recurrente en la ciudad durante años. Con una estimación inicial de más de 14.000 metros cúbicos de escombros bajo la superficie, las labores para despejar el arenal han requerido operarios y maquinaria pesada trabajando a contraluz durante las mareas vivas. Organismos como el centro tecnológico AZTI han llegado a instalar sistemas de cámaras desde el Monte Igeldo para estudiar el movimiento de la arena y entender cómo las corrientes tapan o destapan este lecho. A lo largo de diversas campañas de limpieza, el Ayuntamiento ha retirado más de 10.000 metros cúbicos de material —unas 13.700 toneladas— para facilitar el baño, aunque casi un tercio de estos bloques permanece bajo el agua o emerge cuando la bajamar golpea con fuerza.
Si te apetece acercarte a ver estas singulares figuras esculpidas por la erosión y el paso del tiempo, el mejor momento es coincidiendo con las grandes bajamares. Tras caminar por el paseo o la orilla desde La Concha, al llegar al tramo de Ondarreta podrás distinguir estas formas entre las algas y la corriente. Es un pequeño detalle histórico y paisajístico que transforma una caminata costera en una mirada diferente al pasado arquitectónico y militar de Donostia.
Fecha de publicación
4 de agosto de 2026