
La isla Santa Clara es uno de esos planes que funcionan igual de bien para una mañana tranquila que para una tarde entera. Es un peñasco de poco más de cinco hectáreas que se eleva 48 metros frente a la playa de la Concha, flanqueado por los montes Igueldo y Urgull, y que en verano se llena de gente que busca un rato distinto dentro de la bahía. Llegar es sencillo: la empresa familiar Motoras de la Isla lleva transportando viajeros desde 1942 y sale desde el puerto, en la plaza Lasta, con horarios amplios todo el año. En verano funcionan dos líneas: la roja, directa a la isla y de vuelta en menos de diez minutos por unos 5 euros ida y vuelta; y la azul, un paseo panorámico de media hora por la bahía que incluye el traslado y cuesta 8 euros. Si prefieres algo más pausado, el Catamarán Ciudad San Sebastián, en marcha desde 1967, ofrece una travesía de 40 minutos con 120 plazas, dos cubiertas y audioguía gratuita, con precios desde 14 euros para adultos. Y para los más aventureros, la isla está a escasos 500 metros de la costa, así que también se puede alcanzar a nado, en kayak o en paddle surf.
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Una vez allí, el plan se reparte entre playa y paseo. La pequeña playa de la isla es la única del País Vasco orientada directamente al sur y solo aparece con la bajamar, así que conviene mirar la marea antes de ir. Al lado queda una piscina natural rectangular que el mar va engullendo. En verano hay servicios básicos: bar con restaurante, duchas, aseos, socorristas y mesas para hacer picnic. Para moverse por la isla hay tres rutas de senderismo que llevan hasta la Casa del Faro, donde se encuentra 'Hondalea', la obra más importante de la artista donostiarra Cristina Iglesias. El nombre viene del euskera y significa «abismo en el mar» o «profundidad abisal», y la escultura recrea las formas geológicas de la costa vasca dentro del antiguo faro, ya vaciado y excavado. El faro en sí se levantó en 1864 sobre lo que era la ermita de San Bartolomé, y desde su cima se ven la ciudad, la bahía y el Cantábrico.
La isla tiene también su lado más curioso. Alberga una subespecie endémica, la lagartija ibérica de San Sebastián, que solo vive aquí y en el monte Urgull, además de gaviotas sombrías, cormoranes moñudos, araos y halcones peregrinos. Alrededor hay restos de antiguas embarcaciones y estructuras sumergidas que son punto de interés para el buceo exploratorio. Y si te quedas con ganas de más arte al volver, al final de la playa de Ondarreta está el Peine del Viento de Eduardo Chillida, tres esculturas de acero de diez toneladas cada una incrustadas en las rocas desde 1977, con otra pieza del artista, el 'Homenaje a Fleming', mirando justo hacia la isla desde el Paseo de la Concha. Entre el barco, la playa, el faro y el paseo por la bahía, la isla Santa Clara da para una jornada completa sin salir de Donostia.
Fecha de publicación
20 de agosto de 2026