
El Gaztelu Eguna es una de esas fiestas que no aparecen en las guías turísticas pero que los donostiarras llevan marcadas en el calendario: el 8 de septiembre, San Sebastián recuerda el día en que decidió volver a levantarse. La fecha no es casual. En 1813, tras el incendio que dejó la ciudad casi en cenizas, un grupo de vecinos se reunió en el caserío Aizpurua de Zubieta y firmó las actas con las que se formalizó la reconstrucción. Ese mismo día, además, el ejército francés se rindió ante las tropas anglo-portuguesas.
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La fiesta se vive casi entera en el monte Urgull, el pulmón verde que queda entre la Parte Vieja y el Paseo Nuevo y que en su cima sostiene el Castillo de la Mota. La jornada arranca con una misa solemne en San Vicente, oficiada por el párroco Xabier Andonegi, y con el himno de Gipuzkoa sonando a cargo de los txitularis, dirigidos por José Ignacio Ansorena, acompañados por la escolanía del coro Easo, el coro Easo Araoz Gazte, el dantzari Aiert Beobide y la Banda de Txistularis. También se rinde homenaje a las víctimas en la antigua puerta de Tierra y en la calle 31 de agosto, y se entrega una placa a la sociedad Kañoietan.
El grueso del programa es pura recreación histórica. Se escenifica el último asalto de las tropas aliadas y la rendición, se leen las capitulaciones en Santa María y se celebra una comida y romería en el monte Urgull, con un desfile que reúne a artilleros, tamborreros, txiribitos, músicos y dantzaris. En la edición de 2025, el desfile partió desde la plaza de la Trinidad con los artilleros de Urgull Histórico y la Asociación Cultural 31 de Agosto, y el tambor mayor, Elías Arruebarrena, ordenó tocar "Gure Donosti". Frente a la Basílica de Santa María se representó el enfrentamiento y la rendición del ejército francés, con los generales británico y francés interpretados por Aitor Buitron y Tomás Ugaldebere, que firmaron las once capitulaciones. La comitiva subió después hasta el Macho, donde hubo comida con la presencia del historiador Javier Sada, y los txiribitos llegaron desde distintas sociedades dirigidos por las Amaias. Por la tarde, el regreso a la Parte Vieja incluyó parada en el cementerio de los ingleses y la lectura de las actas de Zubieta en el Kiosko del Boulevard, con palabras del alcalde Tomás Ugaldebere y la corporación.
El momento más simbólico, sin embargo, es el que cierra la jornada: las luces de la calle 31 de agosto se apagan y se encienden las velas a las 9:30 h, según el reloj de Santa María. Esa calle es la única que sobrevivió al incendio de 1813, cuando las tropas anglo-portuguesas asaltaron y saquearon la ciudad. En la edición de 2026, la lectura de las capitulaciones se celebró a las 12:30 horas en el atrio de Santa María. Es una fiesta para ver en familia, con historia, música y un ambiente muy local, y para entender por qué el 8 de septiembre sigue siendo una fecha especial en San Sebastián.
Fecha de publicación
9 de septiembre de 2026