
La Plaza de Gipuzkoa cambia este fin de semana su habitual calma por una buena cantidad de papel viejo. Hoy arranca la 41ª Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Donostia-San Sebastián, que se queda instalada en la plaza hasta el 13 de septiembre, así que hay margen de sobra para pasarse con calma. La organiza la Comisión de Ferias del Libro de Euskadi, con la colaboración de Donostia Kultura y del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, y reúne a cerca de cuarenta expositores llegados desde Euskal Herria y del resto de España.
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Lo interesante aquí es que conviven dos mundos. Por un lado están los libros antiguos, obras de más de cien años y ediciones raras para quien colecciona; por otro, los libros de ocasión, títulos descatalogados que ya no se encuentran en las librerías habituales. Y no todo es papel: entre los puestos aparecen postales, discos, fotografías, cómics y revistas de época. La entrada es gratuita, y los precios se mantienen accesibles, que es buena parte del atractivo para quien va sin una búsqueda concreta.
Entre los expositores hay librerías asociadas a Uniliber, como la navarra Librería Iratxe o la leonesa Librería Cajón Desastre, así que el catálogo no se queda solo en lo local. El horario es el de siempre en estas ferias: de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:30, aunque la organización avisa de que puede cambiarlo por motivos climatológicos u organizativos, algo que conviene tener en cuenta si el tiempo no acompaña.
El escenario ayuda. La Plaza de Gipuzkoa, en pleno centro, es un espacio neoclásico diseñado por el arquitecto Antonio Cortázar durante el ensanche de la ciudad, con más de 5.000 metros cuadrados y el edificio de la Diputación Foral de Gipuzkoa presidiendo el conjunto. La obra es del arquitecto donostiarra José de Goikoa, inaugurada en 1885 y reconstruida tras un incendio en 1887, y luce los bustos de cinco marinos y exploradores guipuzcoanos: Urdaneta, Elcano, Okendo, Lezo y Legazpi. Por la plaza también se ven la escultura del compositor José María Usandizaga, un templete meteorológico, una gran mesa horaria de mármol blanco y un enorme reloj construido con flores, todos donados en 1879 por el geógrafo José de Otamendi. Y en invierno, la plaza acoge un belén de unas 150 figuras de un metro de altura, creado por los artistas Rafael Munoa y José Luis Usabiaga.
Con dos semanas por delante, la feria da para varias visitas. Quien colecciona tiene sus ediciones raras, y quien simplemente disfruta rebuscando entre estanterías tiene los libros de ocasión y los precios bajos. Sea cual sea el plan, el acceso gratuito y el horario partido lo hacen fácil de encajar en cualquier tarde de finales de agosto o principios de septiembre. La Plaza de Gipuzkoa se convierte, una vez más, en una gran librería al aire libre.
Fecha de publicación
28 de agosto de 2026