
Si buscas un plan para salir de San Sebastián y desconectar un poco, el Valle de Lastur es uno de esos sitios que parecen sacados de otra época. Está en Deba, dentro del Geoparque de la Costa Vasca, y es un paisaje que rompe con lo que solemos ver por aquí. Es una hondonada kárstica de unos tres kilómetros y medio, encajonada entre montañas que superan los 500 metros, como el Andutz o el Gaztelu. Lo que hace especial a este sitio es que el agua no fluye por ríos abiertos hacia el mar, sino que desaparece en galerías subterráneas, creando un entorno lleno de dolinas y cuevas que le dan ese aire de 'Far West' vasco tan característico.
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La historia del valle está muy ligada al trabajo del hierro y el grano. Ya en documentos del siglo XIV se mencionaba la actividad de sus ferrerías, que con el paso de los siglos se transformaron en los molinos que hoy podemos visitar. Pero si hay algo que identifica a Lastur es su tradición ganadera. Aquí se cría la betizu, una raza de vaca salvaje que se considera la más antigua de Europa. En el pequeño barrio de San Nicolás vas a encontrar una de las plazas de toros más viejas de Euskadi. Es una construcción rural y cuadrada donde todavía se organizan capeas los fines de semana. La ganadería del Marqués de Saka, ubicada en el agroturismo Saka Perlakua, es la encargada de mantener esta estirpe que incluso ha llegado a plazas importantes fuera de nuestras fronteras.
Para montar la excursión, lo mejor es empezar en el casco antiguo de Deba. Antes de enfilar hacia el valle, puedes pasarte por la Iglesia de Santa María la Real. Es un edificio del siglo XIV con un claustro gótico muy bien conservado y un retablo mayor del XVII que merece un vistazo pausado. Desde allí, coges la carretera GI-3292. Son apenas seis kilómetros y medio de subida, pero el cambio de paisaje es total. A mitad de camino, fíjate en el caserío Arrasketa; allí vive una encina singular que tiene una copa de 25 metros de diámetro, algo que no se ve todos los días. Al llegar al barrio de San Nicolás de Lastur, te vas a encontrar con un núcleo rural muy auténtico. La ermita de San Nicolás, que ya aparecía en textos de 1625, tiene una fachada con entramados de madera pintados en tonos rojizos que le dan mucha personalidad. Justo enfrente están los molinos de Plazaola. Están en perfecto estado y, si vas en fin de semana o con un grupo reservado, puedes ver en directo cómo muelen el maíz de forma artesanal.
Si te apetece caminar un poco más, puedes seguir la ruta hacia el Santuario de Itziar. Es un punto de referencia para los marineros de la costa y alberga una virgen románica del siglo XII que es una de las joyas de la iconografía vasca. El retablo plateresco de Andrés de Araoz, del siglo XVI, es otro de los elementos que justifican la parada. Para cerrar el círculo, la ermita de Santa Catalina ofrece unas vistas limpias del Cantábrico antes de emprender la vuelta. Y para comer, la Lastur Taberna es la parada lógica. Suelen participar en iniciativas como el menú Tripontziak, centrado en productos locales de la comarca de Debabarrena, lo que te permite probar la gastronomía de la zona sin artificios. Es un plan redondo para disfrutar de la naturaleza y la cultura rural guipuzcoana sin prisas.
Fecha de publicación
16 de marzo de 2026
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