
El Urumea tiene una nueva forma de recorrerse y esta vez no es desde la orilla. El eFoil, una tabla de surf eléctrica que levita sobre el agua, se ha instalado en la desembocadura del río, entre el puente del Kursaal y el espigón, y lo hace aprovechando las grandes olas que han aparecido en la costa donostiarra. La actividad la gestiona SurfMagic eFoil Fliteboard Center, con sede en San Martín, que además ofrece jet ski, flyboard y flysurf.
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Para quien no lo tenga delante, el funcionamiento es lo que más sorprende. La tabla se dirige con un mando a distancia por bluetooth y, al alcanzar entre 18 y 22 km/h, se eleva entre 30 y 50 centímetros sobre la superficie gracias a un sistema de hidroala o hidrofoil en su parte inferior. Sus componentes son: la tabla, con un compartimento estanco para la batería de litio; un mástil vertical de entre 70 y 90 centímetros; el conjunto de alas, con una ala delantera de sustentación hidrodinámica y un estabilizador trasero; y un sistema de propulsión eléctrica compacto, ya sea hélice o chorro. La autonomía real de la batería ronda los 60 a 90 minutos, según el peso del usuario, la velocidad y las condiciones del agua, aunque las baterías grandes pueden estirarse hasta las dos horas y media en condiciones óptimas.
No es una actividad para cualquiera. Los requisitos son saber nadar y estar dispuesto a caerse varias veces en la primera media hora, que es cuando se pilla el truco. La edad mínima orientativa es de 14 años con autorización parental, aunque se prefiere a partir de los 16, y el peso máximo del rider suele rondar los 110 o 120 kilos. En cuanto a papeles, los eFoils de recreo no exigen titulación náutica ni matriculación por ser artefactos flotantes con motores de potencia reducida, en torno a los 3,7 kW, y esloras inferiores a 2,5 metros. Eso sí, la normativa exige un seguro de responsabilidad civil para embarcaciones a motor y prohíbe navegar en zonas balizadas para bañistas.
El escenario tiene su punto. El Urumea, cuyo nombre significa «aguas transparentes», nace en Ezkurra, en Navarra, y tras más de cuarenta kilómetros atraviesa San Sebastián dividiendo la ciudad en dos: por un lado Amara, el Centro y la Parte Vieja; por el otro Gros, Egia e Intxaurrondo. En su desembocadura se amontonan puentes con historia. El Puente de la Zurriola, también conocido como el del Kursaal, es el primero de los cuatro y el más cercano a la playa; se inauguró el 14 de agosto de 1921, con sus farolas Art Decó que le valieron el mote de «seis de bastos». Le siguen el Puente de María Cristina, de 1905 y con sus grandes obeliscos; el Puente de Mundaiz, inaugurado en 1999; y el Puente Lehendakari Agirre, de 2010, sin pilas y con 45.000 baldosas de ocho colores. El Puente de la Real Sociedad se levantó sobre el antiguo Puente de Hierro, también en 2010. Verlos pasar desde el agua, y desde el aire, cambia bastante la perspectiva.
Fecha de publicación
4 de octubre de 2026
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