
Ayer el Teatro Victoria Eugenia se llenó de una energía distinta a la habitual. No fue el típico concierto de sábado ni la obra de teatro que solemos ver en la cartelera de Donostia. El Ensemble Nacional de Danza y Canto de Georgia, conocido como Erisioni, trajo su espectáculo 'Raíces del Cáucaso' y, la verdad, fue como abrir una ventana directa a las montañas georgianas sin moverse de la ciudad. Para quienes no los ubiquen, Erisioni es una institución con más de 140 años de historia, lo que los convierte en el grupo folclórico más antiguo de su región. Ver a 40 artistas sobre el escenario —20 cantantes y 20 bailarines— impone bastante, sobre todo cuando entiendes que cada movimiento tiene una carga cultural que viene de siglos atrás.
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Lo que hace especial a este grupo no es solo la técnica física, sino cómo mezclan el baile con el canto polifónico. Este tipo de canto es tan particular que la UNESCO lo reconoció como Patrimonio de la Humanidad. No es una etiqueta vacía; escucharlos es entender por qué la NASA decidió incluir una de sus piezas, 'Chakrulo', en la sonda Voyager enviada al espacio en los años 70 como muestra representativa de la cultura humana. Ayer en el teatro, esa profundidad vocal se sentía en el ambiente, apoyada por instrumentos tradicionales que no solemos ver por aquí, como el panduri (un laúd de madera) o el doli (un tambor cilíndrico).
Hay algo muy curioso en la conexión entre Georgia y el País Vasco que Erisioni se encarga de alimentar. Existe esa teoría, más simbólica que científica, de que compartimos raíces comunes por ser pueblos montañeses con lenguas singulares que no encajan en las familias lingüísticas habituales. El grupo se toma este vínculo muy en serio y, como ya hicieron hace unos días en la Casa de Juntas de Gernika, suelen incluir gestos que nos tocan de cerca. Escuchar piezas icónicas como 'Agur Jaunak' o 'Boga Boga' interpretadas por voces georgianas crea un puente cultural que va más allá de lo artístico. Es un detalle de respeto que el público de San Sebastián valoró mucho durante la función.
El espectáculo tuvo una duración de unos 105 minutos y, aunque los precios de las entradas oscilaban entre los 20 € y los 50 €, la producción justificaba el despliegue. No se trata solo de pasos de baile; las coreografías narran batallas, historias de amor y escenas de la vida cotidiana en el Cáucaso con una precisión atlética que deja claro por qué han girado por ciudades como París o Nueva York. Si ayer no pudiste acercarte al Victoria Eugenia, hoy domingo 22 de febrero el grupo continúa su paso por la zona, concretamente en el Auditorio Baluarte de Pamplona, aunque las entradas allí también están muy solicitadas. Es una de esas experiencias que te hacen darte cuenta de lo parecidos que podemos ser pueblos que, sobre el mapa, parecen estar a un mundo de distancia.
Fecha de publicación
21 de febrero de 2026
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