
Hay torneos que se explican mejor por lo que representan que por lo que se ve en el marcador, y la Copa de Francia es uno de ellos. No es una competición convencional: es el título nacional con mayor extensión geográfica del mundo, porque integra equipos de territorios de ultramar repartidos por casi todos los continentes. Clubes de Reunión, Nueva Caledonia o San Pedro y Miquelón —este último vinculado a Euskal Herria por llevar la ikurriña en su bandera— pueden debutar desde las rondas iniciales. En total, más de 7.000 equipos de todas las categorías compiten con el mismo sueño: ir ganando partidos hasta recibir en su estadio a un club de talla mundial.
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Cada año, ese torneo pasa también por la comarca del Bidasoa. El próximo domingo 23, a las 15:00 horas, en el campo de Beltzenia, Les Eglantins de Hendaia inicia su periplo enfrentándose al Oeyreluy. El equipo milita en la décima categoría de la pirámide del fútbol galo, y por proximidad geográfica suele enrolar en sus filas a una nutrida representación de jugadores de Hegoalde, procedentes de Irun y Hondarribia. Su capitán, el biriatuarra Julen Albizu, y los irundarras Kevin Prieto y Alberto Mancebo, resumen bien lo que significa estar ahí: «La Copa siempre genera ilusión, especialmente porque, si logras llegar lejos, tienes la opción de enfrentarte a equipos de renombre, y eso sería un gran premio», admite Kevin. Alberto añade que en un campeonato así «todo se equilibra, y ya vimos el año pasado que las sorpresas están a la orden del día».
Esos partidos suelen mover más gente de la habitual. Julen recuerda que hace dos años, contra el Croises de Bayonne, que estaba varias divisiones por encima, vino mucha gente al campo. «Ilusiona que venga más gente, te motiva que te estén apoyando», remata Kevin, y Mancebo explica que hay mucha gente pendiente, también al otro lado de la muga, a los que les pica el gusanillo y quieren asomarse a ver fútbol. No es el deporte principal de Hendaia —el rugby y el balonmano son los más seguidos—, pero como dice Kevin: «Hay mucha gente que no lo dice, pero que nos sigue». Julen, con humor, añade: «¡Sobre todo cuando perdemos!».
El camino es largo y exigente, porque los conjuntos de Ligue 1, la máxima categoría, no entran hasta los treintadosavos de final, la novena ronda. Pero el sueño sigue ahí. Cuestionados sobre sus rivales soñados, Julen se declara «muy de derbis» y apunta al Arin Luzien, al Genêts d’Anglet, donde juega su hermano, o al Aviron Bayonnais; y pensando en grande confiesa: «¡Yo es que soy del Olympique de Marsella!». Alberto, más cauteloso, prefiere ir paso a paso, aunque no descarta un PSG, camiseta con la que a veces va a entrenar, aunque no sea la más popular entre sus compañeros. Kevin, por su parte, se conformaría con «cualquier equipo realmente bueno, donde veas la diferencia de nivel».
Más allá del resultado, lo que más les ilusiona es ver un Beltzenia con una gran cantidad de aficionados animando alrededor del verde. Alberto anima también a acudir a los partidos de liga, «porque se está haciendo un proyecto muy interesante», algo que corrobora Julien destacando el nivel del fútbol en Ipar Euskal Herria. Y para quien solo quiera acercarse a mirar, hay un argumento definitivo: «¡La entrada es gratis!», recuerda Kevin. «Que venga la gente a verlo, todos los que quieran apuntarse, porque nosotros estamos muy ilusionados». Con la bahía de Txingudi al fondo, el campo es, según ellos, el más bonito de toda Francia. Un buen escenario para un domingo de fútbol a un paso de casa.
Fecha de publicación
17 de agosto de 2026
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