
La Tomatina ya ha pasado, pero para quien se quedó con ganas o planea volver el año que viene, conviene tener claro cómo funciona por dentro, porque no es una fiesta a la que se llegue improvisando. La edición de este año se celebró el miércoles 26 de agosto en Buñol, en la provincia de Valencia, a unos 40 kilómetros de la capital, y fue la número 79, con el tema de «la inclusión» como hilo conductor. El origen, por cierto, es casi accidental: nació en 1945 durante una pelea de jóvenes en la plaza del pueblo y desde entonces se ha convertido en uno de los iconos turísticos más reconocidos de la Comunitat Valenciana.
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El núcleo de la fiesta dura exactamente una hora, de 12:00 a 13:00, y se limita a 22.000 participantes oficiales, aunque se juntan hasta 150.000 kilos de tomates bien maduros. El acceso al recinto es de pago y está estrictamente limitado: la entrada única cuesta 15 euros e incluye el acceso, el canje de una pulsera y una entrada 'Print at home' en formato PDF. También existen packs desde 40 euros que añaden guardarropa, camiseta oficial de La Tomatina 2026, un plato de paella valenciana, consumiciones y fiesta post-Tomatina. Las entradas se compran con meses de antelación en la web del Ayuntamiento de Buñol o en la de la Asociación de Empresarios y Autónomos de Buñol y Comarca, y las plazas vuelan. Las agencias de viajes interesadas en accesos grupales oficiales deben tramitarlo por la sede electrónica del Ayuntamiento, con un mínimo de 20 y un máximo de 1.800 entradas por trámite y una tasa municipal obligatoria de 15 euros.
El día no empieza con la batalla. Desde las 9:00 las calles ya se van llenando y hacia las 10:00 se celebra el tradicional 'Palo Jabón' en la Plaza del Pueblo —un palo altísimo cubierto de jabón con un jamón en lo alto—, que es el pistoletazo de salida oficial. A las 11:00 entran siete camiones cargados de tomates y comienza el combate. Al terminar, el Ayuntamiento pone duchas públicas cerca del río. Para llegar, la recomendación es salir de Valencia muy temprano, entre las 6:00 y las 7:30, porque el acceso en coche al centro se corta desde las 7:00; lo más cómodo es el autobús organizado o el tren, la línea C3 de Cercanías Renfe que conecta Valencia Sant Isidore con Buñol en unos 40 o 50 minutos.
El alojamiento es el gran cuello de botella: la capacidad hotelera de Buñol es casi inexistente y los pocos hoteles, hostales y pensiones se reservan de un año para otro. El truco habitual es quedarse en Valencia, cerca de la Estació del Nord o de la estación Joaquín Sorolla, o en barrios como Extramurs, Ruzafa o el sur de Ciutat Vella. Un hotel de tres estrellas en el centro la víspera puede costar entre 150 y 250 euros la noche, mientras que alquilar una habitación en casa del anfitrión en barrios como Ruzafa o Benimaclet ronda los 30 o 60 euros. Roomlala garantiza transacciones seguras para ese tipo de alojamientos.
En cuanto a normas, hay tres cosas que no se pueden saltar: aplastar el tomate en la mano antes de lanzarlo, no tirar botellas ni objetos duros y respetar la señal de final, marcada por un segundo disparo de cañón hacia el mediodía. La ropa recomendada es blanca y que estés dispuesto a tirar, calzado cerrado —nada de chanclas— y gafas de natación para proteger los ojos de la acidez del zumo. No se puede entrar con mochilas grandes, bolsas ni palos selfie; el personal de seguridad te para en la entrada si llevas mochila, así que hay que usar taquilla. Tampoco joyas, especialmente pendientes de aro, ni el móvil sin una funda impermeable con cordón al cuello. Y para los más pequeños existe la Tomatina Infantil, que se celebró el sábado previo, el 22 de agosto, para niños de 4 a 14 años, con más de 1.000 participantes de 23 nacionalidades.
Fecha de publicación
27 de agosto de 2026
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