
El Vive Latino ya ha pasado por Zaragoza, pero conviene tener claro cómo se movió todo por si el festival vuelve. La quinta edición en la ciudad se celebró el viernes 4 y el sábado 5 de septiembre en el Espacio Expo, el recinto junto al meandro de Ranillas, con más de 80.000 metros cuadrados y tres escenarios: el Ámbar, el Caja Rural de Aragón y la Escena VL. Las puertas abrían a las 16:45 y los primeros conciertos arrancaban a las 17:15.
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El cartel reunió a 33 artistas. El viernes abrió El Practicante y cerró Modelo a las 03:00, con Julieta Venegas, Amaia, Loquillo, M-Clan, Pignoise, Plastilina Mosh, Rawayana, Rigoberta Bandini y Volador entre los demás. El sábado empezó Multipla y terminó Rialto, que se alargó hasta las 03:45, con La M.O.D.A., División Minúscula, Guitarricadelafuente, Begut, Siloé y Ojete Calor. Las entradas se vendieron por Ticketmaster: el abono de los dos días costaba 130 euros más gastos y se agotó tras 15.000 unidades, así que solo quedaron entradas individuales por jornada, 80 euros más gastos.
La comida era parte del programa. La zona gastro juntó propuestas de España, Venezuela, México, Perú, Italia, Argentina y Asia —ternasco de Aragón, arepas, tacos, ceviche, pizzas, hamburguesas, perritos calientes, dulces y helados—, con opciones vegetarianas, veganas y sin gluten. Para beber, un vaso gratuito con código QR en el acceso servía en las barras, la zona gastro y la cantina; si se rompía, se cambiaba sin coste al pedir la siguiente bebida, y si llegabas a una barra sin vaso, uno nuevo costaba 2 euros. Había 15 fuentes de agua gratuita y otros 70 puntos de agua en las zonas de baños. Para guardar cosas, cuatro módulos de taquillas, tres dentro y uno fuera, con reserva anticipada.
El acceso de menores tenía sus reglas: DNI, NIE o pasaporte para los menores de 18 años, acompañados por padre, madre o tutor legal para los menores de 16, y entrada gratuita para los niños que el 4 de septiembre aún no hubieran cumplido los 8 años. Se permitía cualquier tipo de carrito de bebé y comida y bebida específica para bebés y menores, con un punto de acreditación exclusivo para ellos. Para personas con movilidad reducida había plataformas elevadas reservadas y las entradas se gestionaban por teléfono.
En cuanto a lo que se podía meter, sí: paraguas plegables de hasta 25 centímetros sin punta, baterías externas, botellines de plástico de 25 cl sin tapón, mochilas de tamaño normal, carritos de bebé y comida y bebida específica para bebés y menores. No: comida ni bebida del exterior —salvo las excepciones para menores—, cámaras profesionales, trípodes, palos de selfie, botellas de vidrio, termos, neveras, objetos punzantes, armas, explosivos, sprays, rotuladores, cadenas con pinchos, sillas, sombrillas, sacos de dormir, bicicletas, monopatines, drones, balones, pistolas de agua, barras luminosas o punteros láser. El recinto admitía efectivo, tarjeta y pago contactless, sin pulseras cashless, fichas ni tokens propios.
Para llegar, las líneas de autobús urbano 23, 34, 42, Ci1 y Ci2 se reforzaron, y la línea especial ES7 conectaba el Paseo María Agustín con la Pasarela del Voluntariado, con frecuencia de 15 minutos entre las 20:30 y las 23:30 y de 4 a 5 minutos desde las 23:30 hasta las 05:41. El tranvía funcionó toda la noche, con parada en Clara Campoamor y Pablo Neruda, cada 15 minutos entre las 00:00 y las 01:30 y cada 20 minutos de 01:30 a 05:00. En coche, el aparcamiento subterráneo del Recinto Expo era de pago y estaba adaptado para movilidad reducida, mientras que el Parking Norte y el Parking Sur del Parque del Agua eran gratuitos. No hubo camping ni zona para campers o autocaravanas. Y para quien se quedaba a dormir, el Hotel Hiberus estaba a diez minutos andando.
Fecha de publicación
7 de septiembre de 2026
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