
Hay una parte de Torrero que se recorre mejor sin prisa, mirando las fachadas y los pequeños cambios de una calle a otra. En el entorno de Cuarte, Fray Julián Garcés, Mesones de Isuela y San Marcial sobreviven casitas unifamiliares de una planta, muchas decoradas con mosaicos y azulejos de colores. Junto a ellas aparecen bloques de varias alturas y construcciones más recientes, pero la calle San Marcial mantiene un trazado y un ambiente que recuerdan a un pueblo. El crecimiento de esta zona se aceleró en los años cincuenta y sesenta, con la llegada de familias procedentes del campo; algunas levantaron sus viviendas con adobe, una huella que todavía se reconoce en determinadas fachadas. La edición de 2024 del Festival Asalto añadió nuevas intervenciones de arte urbano al paisaje del barrio.
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El paseo también permite entender de dónde viene Torrero. Durante los siglos XVIII y XIX, sus montes fueron un lugar de recreo para los zaragozanos, mientras que las canteras de yeso daban trabajo a los primeros vecinos. El Canal Imperial tenía entonces un papel importante: por él circulaban barcazas con productos agrícolas y, en los fines de semana, también góndolas, de ahí el antiguo apodo de pequeña Venecia. El Puente de América, construido en 1815 y reconstruido en 1903, fue durante años la única conexión del barrio con el centro a través del canal. Cerca se encuentran la antigua playa de Torrero, donde terminaban su recorrido algunas barcazas, y la Almenara de Santa Engracia, una pequeña construcción de ladrillo con compuertas para regular el agua.
La historia de la familia que dio nombre al barrio se conserva en la Casa de los Torrero, en la calle San Voto, número 7. Construida por Miguel Torrero entre 1500 y 1508, está declarada Bien de Interés Cultural y muestra el paso de la tradición gótica al lenguaje clasicista. Su fachada combina portada de ladrillo bajo arco de medio punto, balcones y un mirador superior, rematado por un alero de madera. En el interior destaca el patio de La Luna, con columnas toscanas, galerías de arcos y una techumbre de madera con artesones. El edificio acoge actualmente la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón, así que conviene consultar previamente las condiciones de acceso si quieres visitarlo por dentro. La información patrimonial está disponible en el Gobierno de Aragón y en el censo SIPCA.
Para completar la vuelta, el distrito reúne varios espacios vinculados a la memoria y a la vida vecinal. El Centro Cívico Torrero-La Paz, rodeado por un pequeño parque botánico, ocupa los terrenos del antiguo campo de fútbol y conserva en su sala Venecia el nombre de un antiguo cine. En sus jardines están la escultura Bailarina y el Monumento a la Paz, mientras que la parroquia de Nuestra Señora de la Paz recuerda la participación de los propios vecinos en su construcción. El Cementerio de Torrero propone otro recorrido, esta vez entre esculturas funerarias de los siglos XIX al XXI y distintos memoriales relacionados con la Guerra Civil y la violencia franquista. Si el paseo termina por la avenida de América, Bodegas Lozano, en el número 7, mantiene desde 1942 una tradición familiar de atención tras el mostrador. Es una forma sencilla de cerrar una visita por un Torrero que conserva calles de barrio, patrimonio y una identidad propia dentro de Zaragoza.
Fecha de publicación
25 de agosto de 2026
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