
La noticia de la puesta a la venta de una aldea abandonada cerca de Jaca por 3,5 millones de euros ha vuelto a poner el foco en esos rincones de la geografía aragonesa donde el tiempo parece haberse detenido. Esta propiedad en concreto cuenta con 1.150 hectáreas y se sitúa a unos 45 minutos de Zaragoza por la Autovía Mudéjar, lo que la convierte en una referencia cercana para quienes buscan entender el fenómeno de la despoblación. No es la única opción en el mercado; existe otra aldea en la provincia de Huesca por un millón de euros que incluye un proyecto para rehabilitar hasta 50 casas rurales. Estos movimientos inmobiliarios sirven de punto de partida para trazar una ruta por pueblos deshabitados o en proceso de recuperación que se pueden visitar en una escapada desde la capital.
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Una de las paradas más representativas de este itinerario es Ainielle, en la comarca del Sobrepuerto. Este núcleo se hizo conocido por la novela La lluvia amarilla de Julio Llamazares, que narra la soledad de su último habitante. Despoblado en los años 70, hoy forma parte de la denominada Senda Amarilla, un recorrido senderista que conecta Oliván, Susín y Berbusa. En Ainielle solo permanecen en pie la iglesia de San Juan Evangelista y el molino, este último rehabilitado recientemente para evitar su desaparición definitiva. El acceso se realiza a través de un sendero que parte de la iglesia de Oliván, permitiendo observar cómo la vegetación ha ido ganando terreno a las antiguas viviendas de piedra.
Siguiendo hacia el oeste, el entorno del embalse de Yesa concentra varios núcleos que fueron desalojados en la década de los 60. Ruesta, situado en las Cinco Villas, es un ejemplo de recuperación activa gestionada por el sindicato CGT desde los años 80. Actualmente cuenta con un albergue operativo para peregrinos del Camino de Santiago, las ruinas de un castillo y la ermita de Santiago, del siglo XI. A poca distancia se encuentra Escó, cuyas casas se asoman a la orilla del pantano. Aunque la mayoría de los tejados han desaparecido, todavía se conservan los muros de los barrios alto y bajo y la iglesia románica de San Miguel. En la misma zona, Tiermas ofrece un atractivo particular: cuando el nivel del agua del embalse baja, generalmente entre septiembre y diciembre, emergen las ruinas de su antiguo balneario y las pozas de aguas termales sulfurosas que todavía son utilizadas por los visitantes.
En la provincia de Zaragoza, hacia el sur, se encuentra Pardos, cerca de Abanto y la zona de Daroca. Este pueblo quedó vacío en los años 70 debido a factores económicos y de comunicación. Como curiosidad histórica, en 1995 el archiduque Hugo de Habsburgo se instaló allí durante un par de años, convirtiéndose en su único habitante temporal. Hoy en día, la Asociación de Amigos de Pardos trabaja para mantener el espíritu de la localidad, donde aún se puede caminar libremente entre las ruinas de sus 40 casas y visitar la ermita de San Antón. Estos lugares, que suman parte de los cerca de 200 despoblados que se estima hay en Aragón, ofrecen un contraste directo entre el patrimonio en ruinas y los nuevos proyectos de turismo rural o teletrabajo que intentan devolverles la actividad.
Fecha de publicación
1 de marzo de 2026
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