
Zaragoza tiene esa memoria musical que a veces parece dormida, pero que siempre acaba despertando cuando se habla de los locales que nos hicieron ser quienes somos. Estos días, el nombre del BV80 vuelve a sonar con fuerza, y no es para menos. Este local de la calle Doctor Palomar, fundado en 1981 por Daniel Monserrat, fue mucho más que un bar; fue el sitio donde un jovencísimo Enrique Bunbury cobró su primer sueldo y donde se gestó el germen de Héroes del Silencio. Valtueña, su dueño, tenía una regla de oro: nada de versiones. Quería que los grupos crearan algo propio, y por su sótano pasaron desde Mauricio Aznar hasta Joaquín Sabina en su primer concierto en la ciudad. Aunque solo duró cuatro años abierto, su huella es tan profunda que Bunbury le dedicó 'Negativo' años después.
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Si seguimos la ruta hacia el Casco Viejo, es imposible no recordar el Bar Paradís en la calle Jesús Comín. Con sus paredes verde pistacho y negro, era el punto de encuentro habitual para bandas como Más Birras, Distrito 14 o Niños del Brasil. Era una época de efervescencia donde la ciudad se movía entre el 'cucaracha' del Corto Maltés, la música en directo de La Campana Underground en la plaza San Antón y los vinilos de La Pianola. Cada rincón tenía su identidad, desde el ambiente más comercial del Jardín del Temple hasta la oscuridad heavy del Buitaker o el Crom. Eran años de descubrir sonidos nuevos en locales como Interferencias o de ver cómo bandas emergentes ensayaban en el sótano de Talleres López.
La zona de 'El Rollo' merece su propio capítulo en esta nostalgia. Calles como Maestro Marquina o Moncasi concentraban garitos como el Pub Posturas, el Orígenes o el Alaska, famoso por sus hamburguesas entre concierto y concierto. Para los que buscaban algo más contundente, la Sala Metro en Casa Jiménez ofreció los primeros escenarios con cara y ojos, mientras que En Bruto se convirtió en la parada obligatoria para las giras internacionales más alternativas. Hoy, algunos nombres como La Ley Seca en la calle Sevilla resisten desde 1986, manteniendo viva esa llama del rock que prendió con fuerza en hitos como la I Muestra de Pop y Rock de 1984, que metió a 25.000 personas en el Pabellón Francés.
No se puede entender este recorrido sin la figura de Mauricio Aznar. El líder de Más Birras, cuya vida ha vuelto a la gran pantalla recientemente, es el alma de canciones que ya son himnos, como 'Apuesta por el rock and roll'. Su legado sigue presente no solo en la música, sino en rincones como su escultura en el paseo del Canal Imperial. Pasear hoy por estas calles es recordar una Zaragoza donde, como decía Miguel Mena, se bailaba al borde del precipicio, pero siempre con la mejor banda sonora posible de fondo.
Fecha de publicación
14 de abril de 2026
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