
Si sueles salir a caminar por la estepa o te gusta perderte por los caminos del sur de la ciudad, prepárate porque el paisaje está a punto de cambiar para mejor. Después de décadas de ausencia, el lince ibérico vuelve a casa. El próximo 10 de marzo está marcada en el calendario como la fecha en la que Waka y Winx, una pareja de linces procedentes de Doñana, llegarán a su nuevo hogar en la finca Acampo Armijo, en Torrecilla de Valmadrid. No es una suelta cualquiera; es el inicio de un proyecto que busca que este felino, que hace nada estaba en una situación crítica, se asiente de nuevo en el Valle del Ebro.
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La elección de Torrecilla no ha sido al azar. Resulta que la cuenca del río Huerva tiene unas condiciones que para un lince son el equivalente a un hotel de cinco estrellas. El entorno cuenta con unas 27.500 hectáreas de monte bajo y ecosistemas esteparios, pero lo más importante es la comida. Para que un lince se quede en un sitio necesita conejos, y en esta zona hay muchísimos; de hecho, se estima que hay el triple de lo que habitualmente se exige para considerar un hábitat como apto. Waka (la hembra) y Winx (el macho) vienen del centro de cría El Acebuche y son los pioneros de un grupo de ocho ejemplares que irán llegando poco a poco antes del verano.
El proceso para que se adapten está muy medido. No es que abran la furgoneta y los dejen correr libres desde el primer minuto. Se ha construido un cercado de aclimatación de 1,8 hectáreas donde pasarán su primer mes. Es una especie de fase de entrenamiento para que se acostumbren al terreno, perfeccionen su técnica de caza con los conejos locales y se sientan seguros antes de que se abra la puerta definitivamente. Durante este tiempo, y también después, llevarán collares GPS. Esto permite a los técnicos saber por dónde se mueven en tiempo real y evitar que se metan en líos, además de controlar cómo se dispersan hacia zonas cercanas como Fuendetodos, Mediana de Aragón o Belchite.
Como te puedes imaginar, vivir tan cerca de una ciudad como Zaragoza tiene sus riesgos, y el principal son las carreteras. Para evitar disgustos, se va a instalar señalización especial en la Z-40 y en la carretera que va hacia Valmadrid, avisando a los conductores de que reduzcan la velocidad. También se han adaptado las balsas de riego de las fincas cercanas instalando rampas y escalas de escape, porque el ahogamiento es otro de los grandes peligros para ellos. Todo este despliegue cuenta con una inversión de unos 240.000 euros, financiada en parte por Repsol y fondos europeos del proyecto LIFE Lynxconnect.
Es curioso pensar que hace apenas dos años, en 2024, el lince todavía se consideraba una especie en peligro de extinción y ahora, gracias a estos programas, ha pasado a la categoría de vulnerable. Ver que Zaragoza se convierte en un punto estratégico para su recuperación en el noreste de la Península es un orgullo para los que valoramos nuestro patrimonio natural. Si todo va bien, en unos años será normal saber que, a pocos kilómetros de la Plaza del Pilar, hay familias de linces viviendo tranquilamente en nuestras estepas.
Fecha de publicación
22 de febrero de 2026
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