
Zaragoza no es una ciudad de rascacielos infinitos, pero tiene rincones donde el skyline se vuelve interesante, sobre todo ahora que se habla tanto del futuro mirador de 360 grados que está proyectado. Mientras ese proyecto llega, hay varias opciones para ver la ciudad desde arriba que ya funcionan y que ofrecen perspectivas muy distintas de nuestras torres y tejados. Una de las más conocidas es la Torre de San Francisco de Borja, en la Basílica del Pilar. El ascensor de cristal te sube 62 metros en apenas 20 segundos, lo cual es cómodo si no quieres castigar las piernas, aunque si te ves con fuerzas, puedes seguir subiendo por la escalera de caracol hasta los 82 metros. Desde allí arriba se ven las cúpulas de Goya con sus colores azul, verde y amarillo, y si el día está limpio, alcanzas a ver los Pirineos. Los precios están en 6 euros para la entrada general, con descuentos para jóvenes, residentes y mayores, y abren todos los días, aunque de lunes a jueves cierran un rato a mediodía.
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Si buscas algo céntrico y que no te cueste nada, el Torreón de la Zuda es la opción lógica. Está justo al lado de las murallas romanas y, aunque mucha gente solo entra para preguntar en la oficina de turismo, en la última planta hay un mirador acristalado con vistas de 360 grados. Es el sitio para ver la Plaza del Pilar desde otra perspectiva o fijarse en los detalles de la Fuente de la Hispanidad y la Catedral del Salvador. Abre de lunes a sábado por la mañana y por la tarde, y los domingos solo hasta las 13:45 horas. No muy lejos de allí, en el barrio del Gancho, está la Torre de San Pablo. Aquí la experiencia es más física porque hay que subir 157 escalones, pero el esfuerzo permite ver de cerca el ladrillo mudéjar y tener una panorámica del casco histórico desde sus 66 metros de altura.
Cruzando el Puente de Piedra llegamos al Balcón de San Lázaro. No es un edificio elevado, pero funciona como el mirador por excelencia para captar la imagen clásica de la ciudad. Es el punto donde se consigue la foto de la Basílica con el río Ebro y el puente en un solo encuadre. Si vas a la hora del atardecer, la luz sobre el agua suele dar mucho juego. Por otro lado, si prefieres un entorno más verde, el Cabezo de Buenavista en el Parque Grande José Antonio Labordeta ofrece una vista despejada desde la estatua de Alfonso I el Batallador. Es un paseo que te permite ver la ciudad rodeada de pinos y fuentes, ideal para alejarse un poco del asfalto.
Para terminar la ruta con un toque más contemporáneo, la terraza del IAACC Pablo Serrano en el Paseo María Agustín es un buen sitio. El edificio destaca por su arquitectura de volúmenes metálicos y su azotea permite observar el centro desde un ángulo diferente. Es una alternativa tranquila para quienes ya conocen los miradores más monumentales y buscan un espacio donde el skyline se mezcla con el arte moderno. Al final, Zaragoza ofrece suficientes puntos elevados para entender su trazado sin necesidad de grandes alturas, solo depende de cuánto quieras caminar o de la zona de la ciudad que prefieras descubrir desde el aire.
Fecha de publicación
17 de marzo de 2026
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