
Si estás planeando una tarde de tapeo por el Tubo de Zaragoza, es muy probable que termines pasando por la Calle de Cinegio. Allí, en el número 3, se encuentra el Restaurante Donde Siempre, un sitio que hace honor a su nombre por esa sensación de taberna de toda la vida que transmite nada más entrar. Está ubicado en pleno corazón histórico, justo al lado de la Iglesia de San Gil Abad, en una calle estrecha pero con mucha vida. Si vienes de fuera o te toca moverte en coche, tienes el parking de Puerta Cinegia a menos de cien metros, lo cual es un alivio en esta zona. El local es totalmente accesible para sillas de ruedas, algo que se agradece en edificios con tanta solera. Eso sí, prepárate para un ambiente concurrido y con ese nivel de ruido propio de los sitios que gustan; no es el lugar para una cena romántica en silencio, sino para disfrutar del bullicio y de un servicio que, a pesar del jaleo, suele ser bastante rápido y profesional.
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En cuanto a la carta, se mueven entre la cocina tradicional aragonesa y algunos toques más actuales. Uno de los platos que más comentarios genera son las carrilleras con foie. Es un guiso tierno, con una salsa bien ligada, aunque algunos clientes habituales comentan que la receta ha ido variando ligeramente con el tiempo. Otro de los fijos en las comandas son las berenjenas en tempura. Hay opiniones divididas sobre si se mantienen siempre crujientes, pero siguen siendo uno de sus platos más solicitados. Si buscas clásicos contundentes, el torrezno y los huevos rotos con jamón son opciones seguras que no suelen fallar. También tienen propuestas interesantes como el solomillo al oporto o los pinchos de gambas y vieiras, que últimamente están recibiendo valoraciones muy positivas por la frescura del producto. Para los que buscan algo rápido en barra, el pincho de champiñones es un recurso habitual, aunque a veces se confunda con otros locales especializados de la zona.
El equipo del restaurante es una de las piezas clave para que todo funcione. Es habitual encontrar menciones a Adolfo, uno de los camareros, por su atención cercana, o a Benjamin, que destaca por su profesionalidad y amabilidad incluso cuando el local está a tope. En la cocina, la experiencia de Carlos Martín se nota en la ejecución de los platos más tradicionales. En cuanto al bolsillo, comer o cenar aquí suele salir por unos 10 o 20 euros por persona, dependiendo de cuánto te animes con las raciones y el vino, lo que lo sitúa en un rango de precio medio bastante razonable para estar en una ubicación tan céntrica. Aceptan tarjetas y pagos digitales sin problemas, así que no hace falta ir cargado con efectivo.
Si decides ir, ten en cuenta que los lunes cierran por descanso semanal. El resto de los días, especialmente los fines de semana, la terraza exterior es un punto muy buscado si el tiempo acompaña, ya que permite ver el ambiente del Tubo mientras tomas algo. Aunque la oferta para vegetarianos es un poco justa, limitándose a opciones como los pimientos de Padrón o las propias berenjenas, para el resto es una parada técnica muy equilibrada. Es un sitio honesto, donde sabes que vas a encontrar raciones generosas y un trato de los que ya no abundan tanto en zonas tan turísticas. Hoy es jueves, así que es un buen momento para pasarse antes de que llegue el aluvión del fin de semana y disfrutar de un tapeo algo más tranquilo.
Fecha de publicación
26 de marzo de 2026
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