
Zaragoza ha pasado los últimos cuatro días envuelta en una atmósfera distinta. El festival Zaragoza Luce 2026 cerró ayer su segunda edición, dejando el Casco Histórico convertido en un museo de luz que ha crecido bastante respecto al año pasado. Esta vez han sido doce las ubicaciones elegidas, un aumento del 50% que ha permitido repartir mejor a la gente por las plazas y calles del centro.
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El recorrido no era cerrado, pero empezar en la Plaza de España frente al edificio de CaixaBank para ver 'Transitar' de Jou Serra era una de las opciones más lógicas para entrar en materia. Allí, los láseres dibujaban movimientos que recordaban a las migraciones de aves o bancos de peces sobre la fachada. Siguiendo hacia el Pilar, la calle del Cisne y la Plaza de la Lonja estaban habitadas por 'Les Voyageurs' de Cédric Le Borgne, esas figuras de malla que parecen flotar sobre nuestras cabezas y que invitan a mirar hacia arriba mientras caminas. Estas figuras no solo estaban en la Lonja; también se dejaron ver en la Fuente de la Hispanidad y frente a la Delegación del Gobierno, creando un hilo conductor por todo el eje del Casco. En el Museo del Foro, una de estas figuras observaba la ciudad con la Seo de fondo, una imagen que muchos aprovecharon para fotografiar.
Uno de los puntos con más movimiento ha sido la Plaza del Pilar. Allí, la instalación 'Impulse' de Lateral Office recuperó los balancines de toda la vida pero con un giro: se iluminaban y emitían sonidos al usarlos. Fue curioso ver cómo algo tan simple como un juego infantil generaba una experiencia colectiva en mitad de la plaza. Muy cerca, en San Juan de los Panetes, la obra 'Earthtime 1.26' de Janet Echelman se llevó gran parte de la atención. Es una red enorme suspendida que se mueve con el viento, inspirada en los efectos del terremoto de Chile de 2010, y que cambia de aspecto según desde dónde la mires.
En la Plaza del Justicia, el colectivo Collectif Scale presentó 'Flux', donde las líneas de luz se movían al ritmo de la música, creando una sensación casi orgánica. Por otro lado, la fachada del Colegio de Arquitectos se convirtió en una pantalla de videojuegos de los 80 con 'Keyframes Games Stories'. Ver esas figuras luminosas saltando por las ventanas fue uno de los momentos más comentados del festival. También hubo espacio para el talento de casa en la Plaza San Felipe, donde los estudiantes de la Escuela de Arte de Zaragoza trabajaron con Néstor Lizalde en 'Interferencias', una pieza que jugaba con las sombras y la interacción del público.
En el patio del Museo Alma Mater, la propuesta 'Antimateria' de Maxi Gilbert ofrecía algo más inmersivo. Los haces de láser creaban una especie de arquitectura efímera que podías atravesar, haciendo que la luz pareciera tener casi densidad física. Es una de esas obras que te obligan a pararte y observar cómo cambia el espacio que crees conocer.
Para los que prefirieron profundizar un poco más, las visitas guiadas salieron desde la Oficina de Turismo del Pilar en tres pases diarios. Además, el uso de códigos QR en cada instalación facilitó el acceso a las audioguías y los mapas interactivos, algo útil para moverse con el móvil. Aunque el frío de febrero se hizo notar, el horario de 19:00 a 00:00 dio margen suficiente para ver las doce obras con calma, repartiéndolas en varias noches. El festival funcionó sin necesidad de cortar el tráfico ni el transporte público, ya que la mayoría de las intervenciones estaban en plazas peatonales o fachadas integradas en el entorno. El crecimiento en el número de instalaciones ayudó a que, a pesar de la afluencia, se pudiera caminar con relativa comodidad por el Casco Histórico.
Fecha de publicación
23 de febrero de 2026
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