
A unos siete kilómetros del centro de Zaragoza, en la ribera del Ebro, hay un barrio que no se parece a nada de lo que uno espera encontrar tan cerca de la ciudad. Juslibol es un núcleo rural rodeado de barrancos y del Parque Natural del Galacho, y su particularidad está literalmente excavada en la tierra: reúne alrededor de 270 casas cueva, talladas directamente en las laderas del monte y en el escarpe de yesos del entorno. No es un conjunto muerto ni un museo; según los datos vecinales, entre 230 y 240 de ellas siguen habitadas o se usan como segunda residencia, algo así como el 90% del total. La propiedad tiene una particularidad: es intransferible salvo a familiares directos, porque las cuevas están en terrenos municipales y se mantienen mediante un régimen de canon.
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El origen mezcla tradición y necesidad. Algunas cuevas empezaron a excavarse hace unos 400 años, aunque los registros oficiales sitúan el inicio oficial de las excavaciones en 1870, cuando agricultores, jornaleros y trabajadores de las huertas del Ebro buscaban viviendas económicas. El terreno yesífero facilitaba mucho el trabajo manual. Las viviendas no forman un núcleo compacto: se reparten por las laderas al norte y al oeste del casco urbano y por el entorno del Camino Viejo de Alfocea, junto al Galacho, los caminos agrícolas y el Castillo de Miranda. Tras fachadas de ladrillo o piedra se esconden estancias excavadas con todo lo que hay en un piso, y algunas conservan corrales, cuadras, almacenes agrícolas o huertos.
Lo que más sorprende es el comportamiento térmico. En verano pueden estar hasta quince grados por debajo de la temperatura exterior, y en invierno conservan el calor, además de proteger del cierzo. Hoy muchas cuentan con agua potable, electricidad e internet, y se consideran viviendas bioclimáticas. Muchas familias las abandonaron en las décadas de los sesenta y los setenta, pero una parte se reformó y se mantuvo. Angelines Casasnovas y Jesús Buil, vecinos del barrio, viven en una de ellas: Angelines lleva toda la vida en la cueva que arregló su padre y que sigue intacta; Jesús cuenta que la suya ha ido cambiando con reformas, nuevas habitaciones y ampliaciones, sin perder la esencia. Belén, otra vecina, la usa como segunda vivienda y veraneo familiar, ya en tercera generación.
El conjunto es uno de los pocos puntos de Zaragoza y de España donde se puede ver esta arquitectura excavada integrada en el paisaje rural de un núcleo urbano, y hoy es uno de los principales reclamos patrimoniales y turísticos del barrio. Para completarlo, Juslibol se apoya en el Galacho, un espacio natural protegido junto al río Ebro, reconocido como Lugar de Interés Geológico y Humedal Singular de Aragón, con un bosque en galería formado tras la mayor avenida del Ebro del siglo XX. El acceso principal desde Juslibol tiene una barrera que prohíbe el paso a vehículos particulares a motor, y hay un Centro de Visitantes con actividades divulgativas, visitas guiadas y talleres. La línea de tren 'El Carrizal' conecta con el centro, aunque del 1 de julio al 1 de septiembre de 2026 no presta servicio; fuera de esas fechas, el billete cuesta 3,5 euros ida y vuelta, con tarifa reducida para jubilados y niños.
Fecha de publicación
3 de agosto de 2026