
Zamora tiene una relación antigua y muy particular con el agua, y una de sus formas más singulares de recordarlo está en las Aceñas de Cabañales, en la margen izquierda del Duero, cerca del Puente de Piedra. Allí, el pasado jueves 23 de julio a las 19:00 horas se celebró el Picnic Artesano, una propuesta gratuita dentro del Verano Cultural de Zamora que reunió cinco talleres para acercar los oficios tradicionales al público sin pedir conocimientos previos. La organizó la Asociación Cultural Artesanía y Arte de Zamora con la colaboración del Ayuntamiento, bajo el lema "Vive la artesanía con tus propias manos".
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El formato fue sencillo y participativo: cinco mesas de trabajo repartidas por el recinto, cada una con un oficio distinto. En 'Barro y viento', Tantaterra enseñó a elaborar pequeños aerófonos de cerámica, esos instrumentos que suenan con el aire. En 'Collares de alabastro', Jessica, de El Conjunto en Vacío, guio la creación de cuentas para un collar. Elena Zaragozá se encargó de 'Ilustración con estampas y esténcil', con plantillas, estampación e ilustración creativa. LuPa Hecho a Mano propuso 'Costura de pececitos', un taller textil para confeccionar pequeños peces inspirados en el río Duero con telas y botones. Y Nicomaty Handmade cerró el quinteto con 'Pulseras de macramé', donde se enseñaron las técnicas de nudos para armar una pulsera artesanal. Entre mesa y mesa, los asistentes fueron rotando y probando materiales tan distintos como el barro, el alabastro, la tela, el papel, las tintas o la cuerda.
El escenario no era un detalle menor. Las Aceñas de Cabañales forman parte de uno de los conjuntos de aceñas más antiguos de España, un ingenio hidráulico levantado en el cauce del río Duero que funciona con ruedas verticales movidas por la corriente. Zamora conserva varios grupos en buen estado: las Aceñas de Olivares, las más célebres, con constancia desde el siglo X y restauradas en 2008; las Aceñas de Pinilla, cerca del Puente del Tren; las propias Aceñas de Cabañales; y también las de Gijón y las de los Pisones. Son estructuras que explican buena parte de la historia industrial de la ciudad, y verlas convertidas durante una tarde en talleres vivos es una forma distinta de mirarlas.
La cita se planteó como un plan familiar y cultural, sin inscripciones complicadas ni precios de por medio, y con la idea de que cualquiera pudiera sentarse a mancharse las manos. La combinación de un entorno patrimonial recuperado y el trabajo manual directo es precisamente lo que define el Verano Cultural de Zamora, que busca sacar la cultura del museo y ponerla en la calle, o en este caso, junto al río. Quienes se acercaron se llevaron a casa algo hecho por ellos mismos y, quizás, una mirada nueva sobre esos molinos que pasan desapercibidos en el paseo diario junto al Duero. Queda como referencia para quien quiera repetir el plan en próximas ediciones: talleres gratuitos, sin conocimientos previos y en un sitio con mucha historia.
Fecha de publicación
24 de julio de 2026
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