
Hay tradiciones que parecen no encajar con el calendario, y El Atenazador de San Vicente de la Cabeza es una de ellas. En pleno agosto, cuando casi todo el folclore invernal está guardado, este pueblo de la comarca de Aliste, en la Raya zamorana, saca sus máscaras. Es, según se reconoce, la única mascarada de verano de la Península Ibérica, y este año volvió a recorrer las calles el 11 de agosto, dentro de las fiestas en honor a San Lorenzo Mártir. La cita está declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial.
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La jornada empezó por la mañana con una novedad pensada para no dejar morir la tradición: un Atenazador Infantil a las 12:00, en el que los más pequeños se vistieron con sus personajes favoritos y representaron la mascarada en la plaza. La representación grande llegó por la tarde, a las 20:00, y es donde se ve todo el teatro. Los Atenazadores corren detrás de los jóvenes —aunque nadie se libra—, tapan los cencerros con una mano para sorprender a quien esté despistado y se meten en las casas a atenazar lo que encuentran para tirarlo por la calle: palas, sacos, mantas. Antes el objeto estrella era el pallizo, el aro de mimbre que sostenía el caldero de cobre; si los dueños querían recuperarlo, tocaba contribuir a la cuestación. A su lado, la Filandorra enceniza a todo el mundo sin miramiento, mientras los Novios bailan de casa en casa al son de la gaita y el tamboril, se hacen arrumacos, se besan y el novio reparte cigarros, como se hacía en las bodas de antes. Y cierran el grupo los Pobres, andrajosos, que piden limosna y, si no reciben nada, se las ven con la ceniza de la Filandorra y las tenazas.
Todo termina cerca del puente, con las últimas carreras de los Atenazadores, la última ceniza de la Filandorra y el baile de los Novios, al que se suma el pueblo entero con la gaita y el tamboril. Detrás hay una asociación cultural, El Atenazador, presidida por Adrián Blanco Rivera, uno de los mascarados, que vive y trabaja en Zamora y vuelve los fines de semana a San Vicente para reparar máscaras y revisar la indumentaria. Son 23 socios los que mantienen vivo el asunto, y hace poco organizaron una comida de hermandad con 27 comensales.
La mascarada tiene además un toque familiar y generacional: Paulino Blanco Garrido, alistano nacido en 1964, se vistió por primera vez de Atenazador en 1983 y sigue desplazándose 43 años después, siguiendo los pasos de su padre, Serafín Blanco Vara, que dio vida al personaje entre 1951 y 1956. Y no se queda solo en el pueblo: es la mascarada más viajera de Zamora y ha llevado su teatro a Galicia, Cantabria, Navarra, Madrid, Bemposta, Braganza y Lisboa, costeadose los propios socios los viajes. El origen es común y prerrománico, con paralelismos en las celebraciones portuguesas, y lleva más de dos milenios sobreviviendo. San Vicente de la Cabeza, por cierto, es un pueblo partido en dos barrios por el río Aliste, cuya iglesia guarda una reliquia del santo epónimo que, según la tradición, curaba la rabia.
Fecha de publicación
25 de agosto de 2026