
El encaje de bolillo de Nanclares de la Oca es patrimonio cultural de Álava, y ahora busca acercarse a las nuevas generaciones a través de las redes sociales. Detrás de esa intención está Rebeca Bartolomé Jiménez, conocida como 'Mis chicas', que se enamoró de los bolillos a los 23 años. Cursó diseño de moda en Vitoria y después la FP superior de técnico textil en Madrid, que es donde descubrió el encaje. Al volver a Vitoria no encontró profesor ni profesora, así que decidió dar clase ella misma: empezó haciéndolo de forma complementaria y hace unos meses lo profesionalizó por completo.
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Rebeca es una de las 16 mujeres elegidas por Tara for Women, una fundación sin ánimo de lucro que nació hace cinco años en memoria de la hija de sus fundadores, presidida por Bill Saad y con Mary Cabezas como miembro fundadora, y que ayuda a mujeres con negocios en entornos rurales o despoblados. El aporte económico es de 1.256 euros, destinado a pagos mensuales como la cuota de autónomos, en un proceso que dura cinco meses. A finales de agosto de 2026, Rebeca espera tomar contacto con su mentora para orientarse sobre cómo vender su producto en redes, gestionar la web y sacar el producto digital.
La técnica se trabaja con agujas de bolillo e hilos de algodón para crear motivos geométricos y florales. Sus talleres duran dos horas y los imparte en la tienda de Jaio Deco, en la calle Pedro Asúa 9, en Aione, un espacio de personalización de muebles y de talleres de artesanía que funciona como coworking creativo. Allí acude un grupo cada semana. También da clases en la Asociación de Vecinos de Adurza, en la calle Heraclio Fournier 30, donde está contratada por el Ayuntamiento, e imparte una extraescolar de arte textil en el colegio Marianistas. Valora crear un grupo los sábados por la mañana y tiene una plaza libre para el taller de los lunes por la mañana.
Todas sus alumnas son mujeres o niñas. La mayoría son adultas o jubiladas, aunque también hay niñas de quinto o sexto de primaria que crean desde cero una cartera o un cojín. Aunque todavía no hay muchas jóvenes interesadas, confía en atraer más a través de sus enseñanzas y de las redes, y se fija como objetivo enganchar a una o dos alumnas nuevas cada curso. Sus alumnas están encantadas con ella, que también las asesora por WhatsApp.
Además de enseñar, Rebeca realiza encargos, la mayoría fuera del País Vasco, que pueden llegar a ocupar cuatro o cinco meses de trabajo. La técnica, reconocida como patrimonio cultural de la provincia, se mantiene viva en el valle alavés gracias a este tipo de iniciativas, y el siguiente paso es precisamente ese: llevarla al terreno digital para que no se quede solo en las manos de siempre.
Fecha de publicación
18 de agosto de 2026
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