
El Carnaval de Vitoria-Gasteiz es genial, pero si buscas algo con más historia y un toque de transgresión auténtica, tienes que mirar hacia los pueblos de Álava. Aquí, el carnaval rural, o Aratuste, es una tradición que se remonta a la Edad Media y que, tras años de prohibición, ha resurgido con una fuerza increíble. No es solo disfrazarse; es un ritual colectivo que simboliza el fin de un ciclo y la purificación de todos los males del año, generalmente a través del juicio y la quema de un muñeco. De hecho, esta tradición fue catalogada como Patrimonio Cultural Inmaterial en 2015.
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Este año, la fiesta arranca fuerte este mismo sábado, 7 de febrero, con dos citas importantes. Por un lado, en el Valle de Kuartango, donde la celebración se une a la festividad de Santa Águeda. Allí, los porreros, las máscaras y el malvado oso se dan cita, y la Vieja de Arriano se encarga de repartir vino caliente para combatir el frío. Por otro lado, en el municipio de Asparrena, los pueblos de Ilarduia, Egino y Andoin (conocidos conjuntamente como ILEGAN) inician su recorrido a las 16:00. Su protagonista es el Hombre de Paja, un muñeco de grandes dimensiones, relleno de sacos y paja, con una nariz exagerada y una boina. A este personaje, culpable de todas las desgracias, se le pasea en burro y luego en carro por los tres pueblos, acompañado por una ruidosa comitiva de porreros y el Oso, antes de ser juzgado y quemado en la hoguera en Andoin. Es una fiesta que se recuperó en 2007 y que se mantiene viva gracias a la Asociación Cultural Ilegan.
La cita más famosa y considerada la más antigua de Álava llega el domingo 15 de febrero en Zalduondo. El protagonista es Markitos, un muñeco vestido con americana, txapela y un collar de trece huevos pintados. El ritual comienza a las 13:00, cuando Markitos es paseado en burro y luego empalado en un poste de siete metros para escarnio público. Por la tarde, a las 17:00, se celebra el juicio en el frontón. Un predicador lee un sermón que acusa a Markitos de todos los males, desde problemas vecinales hasta la bajada del precio de la patata. Tras la condena, Markitos es quemado en una hoguera, un acto que busca la catarsis y la armonía del pueblo. Si quieres profundizar en esta tradición, el Palacio de Lazarraga en Zalduondo alberga una exposición permanente sobre los carnavales rurales alaveses, incluyendo a Markitos, el Hombre de Paja, el Porretero de Salcedo y Toribio de Campezo.
El ciclo de ejecuciones simbólicas continúa el martes 17 de febrero en Santa Cruz de Campezo (Kanpezu), donde la víctima es Toribio. Este muñeco de paja, que viste un zapato y una alpargata y luce una lengua negra por haberse comido todos los males, es condenado a morir ahogado en el río Ega a las 18:30. Toribio es portado por dos Katxirulos, personajes que visten enaguas blancas, blusas coloridas y sombreros de capirote, y que persiguen a los niños con vejigas hinchadas (putxikas). Este año, la comparsa de Katxirulos se verá ampliada con un nuevo personaje, El Furtivillo. Finalmente, el carnaval rural de Álava se despide el sábado 21 de febrero en Salcedo (Lantarón), donde el Porretero es atrapado robando una gallina, juzgado y, en lugar de ser quemado o ahogado, es arrojado a un tejado para que se lo coman los buitres.
Si buscas una experiencia que va más allá de los disfraces y que te conecta con las raíces más profundas de la cultura alavesa, estos carnavales rurales son una opción muy interesante. Es un testimonio vivo de cómo las comunidades rurales han mantenido sus tradiciones a pesar de todo, y un recordatorio de que la autenticidad se encuentra muchas veces en los pueblos más pequeños.
Fecha de publicación
6 de febrero de 2026
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