
El eclipse solar total del pasado miércoles 12 de agosto dejó en Vila-real una imagen que no se verá en cualquier sitio: el Centro de Tecnificación Deportiva (CTD) convertido en mirador astronómico. La cita, que alcanzó su máximo esplendor a las 20:31:20, reunió a cientos de personas en el Camí Travessia Betxí, 65, en una jornada pensada para toda la familia y en pleno agosto. No fue el escenario previsto, pero el cambio terminó siendo parte del plan.
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El cambio de sede llegó por una razón de peso. El riesgo extremo de incendios forestales obligó a cerrar el paraje del Termet y su piscina del 16:00 al 22:00 del mismo día del eclipse, que volvieron a abrir el jueves 13. Las actividades se trasladaron al CTD, donde arrancaron a las 19:00, manteniendo intacta la programación original: el recorrido itinerante de la compañía Xarxa Teatre, que en principio partía desde la piscina del Termet, y la actuación del mago argentino Lebart. El resultado fue el mismo, solo cambió el código postal.
Lo más comentado, y lo que más tranquilidad dio a los asistentes, fue el despliegue para mirar al cielo sin riesgo. Se distribuyeron 3.000 gafas certificadas con la norma ISO 12312-2 y marcado CE, adquiridas por la Concejalía de la Ermita de la Mare de Déu de Gràcia, que encabeza Noelia Samblàs. Quien no consiguiera una allí podía buscarla en los establecimientos asociados a UCOVI, la Unió de Comerç de Vila-real, que se sumó a la iniciativa. La organización fue una colaboración entre esa concejalía y la de Cultura, que dirige Maria Fajardo, con el apoyo del comercio local.
El escenario elegido no era un sitio cualquiera. El CTD se inauguró en 2011 de la mano de Francisco Camps y funciona con un convenio de cesión de uso firmado en 2014 entre la entonces consellera María José Català y el alcalde José Benlloch. Son 18.000 metros cuadrados, un pabellón cubierto con capacidad para 4.000 personas y una piscina climatizada de ocho carriles. Esa misma amplitud fue la que permitió acoger a tanta gente con comodidad, algo que en el Termet, con el riesgo de incendios, habría sido imposible.
Al final, lo que empezó como un imprevisto terminó siendo una buena solución. El traslado al CTD permitió que el eclipse se pudiera seguir en un entorno seguro y organizado, sin renunciar a las actividades paralelas que hacían especial la cita. Para una ciudad que no suele tener este tipo de eventos astronómicos, haber podido observar el fenómeno con las gafas adecuadas y en un espacio amplio fue la diferencia entre quedarse mirando desde casa o vivirlo en directo. El Termet reabrió al día siguiente, pero el recuerdo del eclipse se quedó en el Centro de Tecnificación.
Fecha de publicación
14 de agosto de 2026
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