
Hay planes que parecen sacados de una película y que, sin embargo, están a un paso de casa. Uno de ellos es el visor submarino Atlántida, una estructura instalada en el Paseo Marítimo de Bouzas, en Vigo, que permite asomarse al fondo de la ría y observar la vida marina sin mojarse los pies. La idea es sencilla pero no deja de sorprender: bajar unos metros y mirar por unos ventanales hacia el ecosistema que normalmente solo ven los buceadores.
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La construcción tiene su punto. Es una estructura octogonal levantada íntegramente en hormigón, con una camisa interior de acero que garantiza que el agua se quede fuera, y los ventanales quedan a una profundidad de entre seis y diez metros. Arriba, una plataforma aérea equipada con paneles solares y un ascensor completa el conjunto. El diseño no es casual: rinde homenaje al universo de Julio Verne, nacido en Nantes el 8 de febrero de 1828 y fallecido en Amiens el 24 de marzo de 1905, y en concreto a su 'Veinte mil leguas de viaje submarino' (1870), en la que el protagonista recorre los océanos a bordo del submarino Nautilus. La referencia encaja bien con lo que se siente al bajar.
Lo que se ve por los cristales cambia según el día, y ahí está parte del atractivo. Por los ventanales pasan peces de lo más variado: caballitos de mar, pintos, morrajas, chopas, lubinas, salpas, caballas, piardas y peces ballesta. En las últimas semanas se han instalado además grandes bancos de alevines de sardina y chincho, lo que convierte la visita en una sesión improvisada de divulgación ambiental para todos los públicos. No es un acuario con peces encerrados, sino una ventana abierta a lo que ya vive en la ría.
El visor forma parte de 'Peiraos do Solpor', una iniciativa del Puerto de Vigo impulsada por la Autoridad Portuaria para acercar el puerto a la ciudadanía y poner en valor el patrimonio natural de la costa viguesa. El proyecto se ejecuta con una inversión que ronda los 6 millones de euros, financiada en parte con fondos Next Generation del MRR y con recursos de la propia Autoridad Portuaria, e integra tecnologías de eco-ingeniería dentro de la estrategia Blue Growth del puerto. Alrededor del visor se han sembrado arrecifes artificiales para fomentar la biodiversidad, así que el entorno también trabaja a favor de lo que se ve por los cristales. El acceso se hace desde la senda peatonal de Bouzas a través de plataformas y pasarelas.
Para ir hay que tener un par de cosas claras, porque no es entrar y ya. El acceso es gratuito, pero exclusivo mediante visitas guiadas programadas, y el aforo está limitado a grupos de no más de 15 personas por turno, así que conviene reservar con antelación. El horario es amplio: de martes a jueves, de 16:00 a 20:00 horas; y los viernes, sábados, domingos y festivos, en doble turno, de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00. Es un plan tranquilo, sin prisas, que funciona igual de bien con niños que con adultos curiosos, y que convierte un paseo por Bouzas en algo bastante distinto a lo habitual.
Fecha de publicación
28 de agosto de 2026
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