
Ayer mismo se actualizaba una noticia que nos cambia un poco el mapa de lo que sabíamos sobre nuestra zona. Rodrigo Pousa Diéguez, un investigador de la Universidade de Santiago, ha sacado a la luz un documento de 1558 que pertenecía al señor de Gondomar, García Sarmiento. En este informe para el rey Felipe II, se justificaba la necesidad de nuevas defensas ante el riesgo de invasión francesa, pero lo interesante es que para hacerlo, menciona seis fortalezas medievales que ya estaban en ruinas en aquel entonces y de las que apenas teníamos rastro. Esto nos permite imaginar una red defensiva en el Val Miñor mucho más densa de lo que pensábamos, con torres y castillos que controlaban cada paso estratégico entre los siglos XII y XV.
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Si empezamos este recorrido por Nigrán, el punto clave es el Monte do Castelo en Parada. Allí, a unos 400 metros de altitud, se alzaba el Castillo de Santa Helena. Aunque hoy lo conocemos más por su mirador y el área recreativa del Outeiro dos Mouros, las piedras y los rebajes en la roca nos cuentan que fue el baluarte de Suero Yáñez de Parada en el siglo XIV. No eran castillos de cuento con grandes lujos; el investigador explica que eran estructuras militares sencillas, pensadas para la vigilancia y no tanto para vivir en ellas, lo que explica que los nobles las abandonaran para mudarse a pazos más cómodos. Cerca de allí, en la parroquia de Chaín, se han identificado puntos como el Coto do Abade, que las investigaciones asocian al antiguo Castillo de Morgadáns, además de las torres en Coto Teixugueira y Coto Espiñeira.
Siguiendo hacia Gondomar, el documento de 1558 sitúa la Torre de Miñor y la Torre Martín, ambas levantadas curiosamente sobre antiguos castros, aprovechando las defensas naturales que ya existían desde la Edad del Hierro. En Vincios, la historia nos lleva al Monte Galiñeiro. Aquí las murallas son todavía visibles y se cree que este podría ser el Castillo de Trinidade que menciona el informe histórico. Es una zona con un valor arqueológico importante, donde además de la fortificación medieval, puedes encontrar los petroglifos de armas de Auga da Laxe, que están entre los más significativos de Europa. Las excavaciones en el Galiñeiro han sacado a la luz restos de cerámica y estructuras que confirman que este pico fue una base militar activa, especialmente entre los siglos IX y X.
Para completar este viaje a la Edad Media, no podemos olvidar los pilares que sí se mantienen en pie o que están musealizados. La Fortaleza de Monterreal en Baiona sigue siendo el emblema, con su Torre del Príncipe datada inicialmente en el siglo X, aunque su esplendor llegara más tarde. En Vigo, el origen de todo está en el yacimiento de O Castro, donde la ciudad amurallada convivió con la ocupación romana desde el siglo II a.C. Esta nueva ruta de fortalezas olvidadas se apoya también en el patrimonio religioso, como el Monasterio de Santa María de Parada o el famoso arco visigótico de Panxón. Al final, lo que este documento nos revela es que el Val Miñor era una frontera viva y vigilada, llena de torres que, aunque hoy sean solo topónimos o piedras escondidas bajo la maleza, definieron el control señorial de todo el sur de Galicia.
Fecha de publicación
23 de febrero de 2026
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