
Ayer lunes, el pleno del Concello de Vigo dio el paso administrativo que muchos esperábamos: se aprobó iniciar los trámites para que la Reconquista sea declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional. Esta propuesta, impulsada por el grupo municipal del PP con Luisa Sánchez a la cabeza, salió adelante con los votos de los populares y la abstención de PSOE y BNG. Aunque hubo matices políticos en el debate, lo importante es que la maquinaria para conseguir el máximo rango oficial que puede tener un evento en España ya se ha puesto en marcha.
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Para que nos situemos, este sello de calidad internacional es el nivel más alto al que puede aspirar una celebración. Vigo ya consiguió el título de Interés Autonómico en 2012 y el de Interés Nacional en 2019. La ley exige que pasen al menos cinco años desde este último reconocimiento para poder saltar al escenario mundial, un plazo que ya hemos cumplido de sobra. Ahora, el proceso no es solo una cuestión de quererlo; hay que cumplir unos requisitos técnicos bastante estrictos que incluyen un informe favorable de la Xunta de Galicia y la aprobación final de la Secretaría de Estado de Turismo.
Uno de los puntos donde más trabajo habrá que poner es en la proyección exterior. Para ser "internacional", la Reconquista tiene que demostrar que tiene un impacto real en medios de comunicación extranjeros y contar con un plan de difusión que incluya, por ejemplo, una web oficial en varios idiomas. No basta con que el Casco Vello se llene hasta la bandera; el Estado pide pruebas de que gente de fuera de nuestras fronteras conoce y se interesa por la gesta de 1809. Esto implica un esfuerzo extra en marketing y comunicación que, según se comentó en el pleno, requerirá también una mayor implicación económica de las administraciones.
¿Y qué ganamos con todo esto? Más allá del orgullo de tener una fiesta en la misma liga que la Arribada de Baiona o el Albariño de Cambados (que ya tienen este título), los beneficios son muy prácticos. El objetivo principal es la desestacionalización del turismo. La idea es que Vigo no sea solo un destino de verano o de luces de Navidad, sino que la Reconquista atraiga a un turismo de calidad en plena primavera. Esto se traduce en un impacto económico directo para los comerciantes, los hoteles y la hostelería local, además de dar prioridad a la ciudad a la hora de recibir ayudas públicas para promoción turística.
En el debate de ayer también se puso en valor algo fundamental: el papel de la Asociación Veciñal do Casco Vello. Tanto el BNG como el PSOE recordaron que ellos son el alma mater de la fiesta, los que la recuperaron en los años 90 y los que llevan tres décadas organizándola con rigor histórico. Es importante que este asalto a la liga internacional no pierda de vista ese arraigo popular. Al fin y al cabo, lo que hace especial a la Reconquista es ver a cientos de vigueses caracterizados de época, recreando la expulsión de las tropas de Napoleón y el derribo de la puerta de Gamboa con ese espíritu de "afouteza" que nos define.
Actualmente, Galicia cuenta con 15 celebraciones con este distintivo internacional. Que la Reconquista se sume a esta lista es un reconocimiento al trabajo de años y a la singularidad de una fiesta que conmemora cómo Vigo se convirtió en la primera ciudad de Europa en expulsar al ejército francés. Ahora toca preparar bien la memoria histórica, acreditar las visitas y asegurar que el nombre de nuestra ciudad suene con fuerza en el extranjero para que, en las próximas ediciones, el título internacional sea ya una realidad oficial.
Fecha de publicación
24 de febrero de 2026
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