
Las últimas semanas de lluvia intensa han transformado nuestro querido río Lagares. Si sueles pasear por la Senda Azul, sabrás que en su tramo bajo, cerca de Samil, es un río tranquilo y pausado. Pero ahora, con el caudal al máximo, el Lagares nos regala un espectáculo natural que muchos desconocen: sus cascadas urbanas, que rugen con una fuerza inusual.
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Para ver esta cara más salvaje del río, tenemos que dirigirnos a su curso alto, en la zona de Lavadores y Cabral. Gracias a la reciente ampliación de la senda fluvial, que conecta la Avenida de Madrid con la calle Manuel Álvarez, se ha abierto al público un tramo de unos 3,2 kilómetros que es, sin duda, el más espectacular. Es aquí donde el Lagares se precipita, ofreciendo un paisaje que hasta hace poco estaba oculto.
El punto estrella es el Pozo da Serpe (o Cova da Serpe). Aquí, el agua salva una pared vertical que se extiende unos 30 metros, siendo la mayor catarata del Lagares en todo su recorrido. Para que podamos disfrutar de este fenómeno, se han instalado pasarelas de madera y una gran escalinata que desciende desde la calle Severino Covas, articulándose en pequeños miradores. Es un lugar que, con el río desbordado, se siente verdaderamente mágico. Justo al lado, en el mismo tramo, encontramos la Fervenza de Barreiro, donde el Lagares salva otro desnivel importante deslizándose sobre las caprichosas formas del terreno. Además, en esta zona se puede observar una curiosa cortina de agua de más de 100 metros de largo, formada por una antigua canalización que se utilizaba para una minicentral eléctrica, añadiendo un toque de patrimonio industrial al rugido del agua.
Pero el Lagares no está solo. Sus afluentes y regatos cercanos también se benefician de los temporales, creando otras fervenzas que merecen una visita ahora mismo. La más conocida es la cascada de A Bouzafría, en el río Eifonso (que desemboca en el Lagares a la altura de Sárdoma). Este salto de cuatro metros, situado en el sendero local de Bembrive y Beade, es famoso por el fuerte estruendo que genera en invierno. Si buscas una caída de agua más imponente, tienes que ir a la Fervenza da Freixa, en la parroquia de Zamáns, en la falda del Monte Galiñeiro. Esta es considerada la cascada más grande de la ciudad, un torrente salvaje que se forma sobre un afloramiento granítico. Es un espectáculo estacional, así que el momento es ahora.
Finalmente, si te apetece una búsqueda más de explorador, en Matamá se esconde la cascada del Rego da Presa. Aunque no está señalizada ni forma parte de ningún sendero oficial, los vecinos de la zona saben que, tras las lluvias, su caída escalonada en terrazas, salpicada de formaciones rocosas, ofrece una imagen preciosa. Recuerda que, aunque la nueva senda del Lagares (que ya suma unos 12 kilómetros hasta Samil) ha mejorado mucho el acceso a estas maravillas, la naturaleza en su máximo esplendor requiere precaución. Si te animas a recorrer estos tramos, especialmente los más altos, hazlo con cuidado para disfrutar al máximo de este Lagares desbordado.
Fecha de publicación
6 de febrero de 2026
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