
Hay tradiciones que se ven desde el cielo. En Vélez-Málaga, en pleno casco antiguo, los tejados no son solo tejas: son palomares. Desde allí sale el buchón veleño, una raza de palomo nacida en esta tierra y en toda la Axarquía, que lleva más de dos siglos ligada a las costumbres locales y que ahora se incorpora a los soportes de promoción turística del municipio. La Concejalía de Turismo y la Sociedad Colombicultora Veleña han editado un díptico para contar su historia y sus características, un gesto que pone nombre a una afición que se transmite de padres a hijos.
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El nombre es reciente, tiene unos veinte años; antes se le llamaba 'Castellano', y no porque viniera de Castilla, sino porque tenía 'casta', es decir, raza para distinguirse del resto. La Sociedad Colombicultora Veleña se fundó el 22 de marzo de 1991, redactó la primera normativa escrita y empezó a trabajar en el reconocimiento de la raza y su estándar. Para su creación se mezclaron ejemplares de la antigua paloma buchona andaluza —la línea que derivó en el buchón colitejo—, el buchón valenciano antiguo, el laudino y el zurito. El resultado es un animal de porte mediano, ligero, con el buche redondeado y ligeramente caído, pluma sedosa y esponjosa, cuello largo y cabeza fina. Sus carúnculas nasales tienen forma de uve, un rasgo muy suyo.
Pero el buchón veleño es, sobre todo, un palomo de vuelo. Su temporada fuerte va de octubre a abril, con dos modalidades: la suelta de machos y la de hembras. Antes de volar, las parejas pasan unos seis meses emparejadas para coger querencia por su palomar. Los machos, que se sueltan en grupos pequeños, tienen que ser 'melosos' y capaces de arrastrar a otras palomas hasta su palomar; las hembras, que vuelan de una en una, deben ser 'cajoneras', es decir, meterse en el palomar del macho. Los colombófilos lo consideran un animal de hembreo, que intenta seducir a otros ejemplares para llevárselos a su cajón, además de ave de exposición y de concursos de vuelo. En cuanto a colores, predominan los azules en sus tonalidades, los ahumados, los negros o cuervos, los tostados, los blancos o jazmines, los prietos y los bayos.
Si quieres verlo en su hábitat, el sitio es la 'Villa', el casco antiguo de Vélez, donde se ubica La Fortaleza, el antiguo castillo. Desde allí se puede observar un gran número de palomares repartidos por los tejados, y es en este barrio donde se concentra buena parte de los aficionados. Para muchos, es en Vélez-Málaga donde se sigue realizando correctamente la suelta de ejemplares, respetando las normas estipuladas, tal y como recogían los antiguos reglamentos de vuelo de otras ciudades que hoy están prácticamente olvidados. La afición también tiene presencia en Benamocarra, con gran tradición, y en Algarrobo. Un ejemplar se mantiene en vuelo un máximo de seis años, y excepcionalmente hasta los diez, sobre todo las hembras. Con el nuevo díptico, esa historia que hasta ahora vivía en los tejados y en las familias ahora también se puede leer.
Fecha de publicación
28 de agosto de 2026