El Toro de la Vega ya ha pasado, pero en Tordesillas todavía se comenta. La cita fue el lunes 15 de septiembre, dentro de las Fiestas de la Peña en honor a la Virgen de la Guía y de la Peña, que arrancaron el día 8. El festejo está declarado Fiesta de Interés Turístico Regional desde 1980 y figura en el registro especial de Castilla y León desde 1996, así que no es una fiesta menor: es una de las más reconocibles de la provincia de Valladolid.
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El protagonista absoluto fue Campanito, un toro de la ganadería Álvaro Núñez, marcado con el número 37, nacido en enero de 2021, de pelo castaño y 585 kilos. El desenjaule, donde se presentaron las reses que protagonizarían los espectáculos, se celebró el lunes 7 de septiembre en la Plaza de Toros de la Villa del Tratado. La programación taurina se completó con una novillada picada con ejemplares de El Madroñal y una corrida de rejones con la ganadería Soto de la Fuente, además de los toros del Concurso de Cortes procedentes de Aldeanueva, Cambronell Hermanos, Valdefresno, Rekagorri y Vellosino, con un Especial Desafío Ganadero del Campo Charro. Los encierros al estilo popular, también declarados de Interés Turístico Regional, utilizaron los hierros de Torrealba, Adolfo Martín y Astolfi. Otro nombre que sonó fue el de Chaparrito, el Toro del Cajón previsto para el domingo 13, un ejemplar de la ganadería Adolfo Martín, número 11, nacido en abril de 2021 y de pelo cárdeno bragado meano, con la señal de hendido en ambas orejas. El sobrero del Toro de la Vega fue Pajarraco, de la ganadería Núñez del Cuvillo, número 91.
Para quien no lo haya visto nunca, el recorrido es lo que más impresiona. Se suelta un toro de más de 500 kilos que, desde la calle de San Antolín, se dirige junto a los corredores hacia el puente sobre el río Duero para alcanzar la Vega, donde lo reciben los caballistas. El trayecto une la calle San Antolín con el Prado del Zapardiel, pasa por la Calle del Empedrado hasta el puente y llega a la zona del Cristo de las Batallas, donde cientos de corredores tratan de citarlo y recortarlo hasta el Campo del Honor, donde empieza el torneo y el toro puede ser alanceado: hundirle una lanza en el costado hasta la muerte. Si el animal sobrepasa los límites prefijados o los lanceros no pueden matarlo, se le indulta.
La historia detrás tiene su aquel. El torneo buscaba medir las fuerzas entre un hombre y un toro sin despuntar, de entre 500 y 600 kilos y de entre 4 y 7 años, con cánones transmitidos oralmente: solo podía alancearse dentro de los límites establecidos, en campo raso, sin vehículos y con el torneante a pie o a caballo provisto únicamente de una lanza. Según algunos investigadores, el origen podría remontarse al año 1355, cuando Pedro I de Castilla decretó que los torneros se celebraran al aire libre; la primera referencia escrita de toros en la Vega aparece en 1534, en el libro de la Cofradía del Santísimo Sacramento de Santiago Apóstol de Tordesillas.
Fecha de publicación
16 de septiembre de 2026
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