
El Teatro Lope de Vega lleva más de dos décadas cerrado, pero desde finales de septiembre de 2024 su fachada es un hervidero de obras. El edificio, el primer teatro que se construyó en Valladolid, está en plena rehabilitación y ya se le nota: la torre escénica, que se amplía hasta los 28 metros, es uno de los elementos que más ha avanzado y que ya se deja ver desde la calle. La primera fase, que incluye el atrio y la sala principal, está prevista para terminar en diciembre de 2026, así que el teatro debería empezar a tomar forma reconocible en los próximos meses.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Valladolid y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
Para entender el tamaño del asunto conviene repasar el historial. El edificio es del siglo XIX, se inauguró el 6 de diciembre de 1861 y lo diseñó el arquitecto Jerónimo de la Gándara. Durante décadas funcionó como teatro y cine, y fue incluso sede de la Semana Internacional de Cine de Valladolid antes de que el Calderón tomara el relevo. Cerró sus puertas el 30 de abril de 2000 por mal estado, y el Ayuntamiento lo adquirió en 2020 tras un acuerdo con Unicaja Banco, valorado en torno a 1,9 millones de euros y cerrado permutando el teatro por una parcela en el Callejón de la Alcoholera. La obra se financia con fondos europeos NextGeneration EU y la ejecuta la UTE formada por Obrascón Huarte Lain y Cabero Edificaciones, con un plazo total de unos 22 meses.
El presupuesto ha ido subiendo. Partía de 13,4 millones y ha acabado en 14,7 millones tras cuatro imprevistos: restos arqueológicos de un antiguo convento, deficiencias estructurales, un suelo distinto al previsto y la normativa sobre gases fluorados. La intervención, liderada por los estudios Paredes Pedrosa Arquitectos y Contextos de Arquitectura y Urbanismo, bajo la dirección de Óscar Ares, convierte el teatro en tres edificios en uno que pueden funcionar por separado o a la vez. Se consolida la estructura con hormigón armado, se restauran las fachadas de María de Molina y Veinte de Febrero y se instala una cubierta de teja fotovoltaica. La torre escénica incorpora un peine motorizado y el edificio gana nuevas instalaciones técnicas, ascensores y plataformas salva-escaleras.
Por dentro, el teatro se reconfigura en tres espacios polivalentes: el Salón Principal, la Sala María de Molina, con capacidad para hasta 700 espectadores, y la Sala Veinte de Febrero, con aforo de entre 200 y 300 personas. La gran sala estrena un suelo móvil que permite guardar las butacas del patio bajo el suelo técnico y cambiar la configuración, pasando de una disposición a la italiana, con 350 butacas en el teatro central, a un suelo hidráulico plano. En la planta cuarta, bajo la cubierta de madera, se reserva un espacio musealizado que podría albergar el museo del propio teatro, el más antiguo de la ciudad. La segunda fase, que abarca la sala Veinte de Febrero y los nuevos espacios de María de Molina, tiene como objetivo concluir en junio de 2027.
El edificio está protegido con Grado P4 y catalogado como P3 en el PGOU, y ocupa la esquina de María de Molina, 12, con Veinte de Febrero, en pleno Casco Histórico. Su fachada neoclásica cambió en la década de 1920, cuando se sustituyó un medallón tallado por Ponciano Ponzano por un retrato del autor en azulejos de Talavera. En 1960 se hizo una restauración centrada en el vestíbulo y, hace aproximadamente un año, se produjo un incendio en el inmueble sin mayor relevancia. Parte del edificio ha estado siendo utilizada por el Mesón Restaurante Riesgo desde el cierre de 2000.
Fecha de publicación
31 de agosto de 2026