
Si te ha pillado el viernes 13 sin reserva y con la presión de San Valentín encima, no te agobies, que en Valladolid jugamos con ventaja. No hace falta volverse loca buscando planes imposibles cuando tenemos rincones que, aunque los veamos a diario, mañana cobran otro sentido. El Campo Grande es el recurso de siempre, pero es que funciona. Caminar por los senderos, acercarse a la cascada o simplemente ver a los pavos reales y las ardillas te da ese ambiente relajado que se busca. Si prefieres algo con menos gente, el Jardín de la Casa de José Zorrilla es un punto de inicio muy interesante para una tarde tranquila, y de ahí puedes pasarte a la Plaza del Viejo Coso. Es una antigua plaza de toros octogonal que ahora es un patio de vecinos muy silencioso, un auténtico oasis en pleno centro donde se puede hablar sin tener que gritar por encima del ruido de los coches.
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Para los que prefieren ver las cosas con perspectiva, la subida a la torre de la Catedral es un acierto. Son 70 metros de altura y las vistas del casco histórico, con la Plaza de San Pablo y la Iglesia de Santa María al fondo, permiten entender la ciudad de otra manera. Durante la visita también se puede ver la maquinaria del reloj y el campanario, lo que le da un toque curioso al plan. Si prefieres quedarte a ras de suelo, el Pasaje Gutiérrez es el sitio para tomarse algo al caer la tarde. Esa arquitectura inspirada en las galerías de París, con la estatua de Mercurio y la iluminación clásica, crea un entorno muy particular sin salir de la calle Castelar. Y si te apetece algo más movido, siempre está la opción de los barcos por el Pisuerga o un paseo por la ribera del Canal de Castilla, aunque para eso mejor abrigarse bien porque el frío de febrero en la ciudad no da tregua.
En el apartado de planes con un toque diferente, en el centro comercial Vallsur está la iniciativa #VersosConCorazón. El poeta vallisoletano Redry anda por allí con un mural donde se pueden dejar mensajes y, de paso, se colabora con la Asociación de Trasplantados de Corazón de Castilla y León. Es una forma de celebrar el día apoyando una causa social. Si lo vuestro es más el cine o la música, podéis hacer la ruta de la película 'Voy a pasármelo bien', que recorre localizaciones emblemáticas de la ciudad, o acercaros a los eventos de Juventudes Musicales que suelen programar arias y canciones románticas para estas fechas.
A la hora de comer o cenar, si no hay mesa en un sitio de mantel blanco, la ruta de tapeo por la Plaza Mayor y alrededores siempre salva la papeleta. Locales como el Jero, Los Zagales o La Mejillonera son opciones seguras para picar algo de calidad. Si buscas algo más específico, un menú italiano con un cóctel tipo Hugo Spritz o el tradicional lechazo en el Figón de Recoletos son alternativas que encajan bien. Y si de verdad quieres desconectar un poco más, en la provincia tienes los spas de Peñafiel u Olmedo, o la experiencia de Bodegas Tovar en Trigueros del Valle, donde organizan catas a ciegas a 14 metros bajo tierra, rodeados de velas y con productos de la zona como el queso de Mucientes. Es un plan de última hora que parece mucho más planificado de lo que realmente es.
Fecha de publicación
13 de febrero de 2026
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