
Si estás por el centro de Valladolid y te apetece probar algo diferente, el Restaurante Los Zagales, en la calle Pasión, es una parada que probablemente ya conozcas de oídas. Situado a unos pasos de la Plaza Mayor, este local es famoso por haber convertido el tapeo en una especie de juego visual. No es el típico sitio de raciones convencionales; aquí lo que prima es la cocina en miniatura con un toque de ingenio, lo que ellos llaman trampantojos. El ambiente es el de una taberna de siempre que ha sabido adaptarse, con una barra que suele estar bastante concurrida y una zona de comedor más formal donde el servicio es atento y profesional.
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Lo que realmente define a Los Zagales son sus pinchos premiados, que puedes probar de forma individual en la barra o a través de sus menús cerrados en el restaurante. Uno de los más conocidos es el Tigretostón, que visualmente recuerda al pastelito infantil pero está hecho con pan de centeno, morcilla y crema de queso. Otro clásico es el Obama en la Casa Blanca, un pincho que combina hojaldre, crema de champiñones y un huevo trufado, o el Puro de Sardina, que viene presentado literalmente como un habano con su ceniza de sésamo. Si buscas algo más reciente, el Kojaz es un chupa-chups de perdiz con un toque de vino oloroso que mantiene esa línea creativa que les caracteriza.
En cuanto a los precios, comer en la zona de restaurante tiene un coste algo más elevado que el tapeo informal. El menú de pinchos ronda los 39,00 €, incluyendo cuatro de sus creaciones más famosas, un segundo plato y postre. Si prefieres algo más tradicional, el menú diario está sobre los 26,95 € los días laborables, subiendo a 30,95 € los fines de semana y festivos. Es importante tener en cuenta que en las mesas del interior no sirven tapas sueltas, por lo que si solo quieres probar un par de cosas específicas, lo mejor es quedarse en la barra, donde no hace falta reserva. Para el comedor, especialmente si vas en grupo, sí que es recomendable llamar con antelación.
El local también ofrece raciones más contundentes en barra, como la oreja crujiente o las croquetas de gambas, que son opciones seguras si vas con alguien que prefiere sabores más directos. Las instalaciones están preparadas para personas con movilidad reducida y cuentan con salones privados si necesitas un espacio más tranquilo. En definitiva, es un sitio que funciona bien tanto si quieres enseñar a alguien de fuera la cultura del pincho de Valladolid como si te apetece una comida sentada con platos que se salen un poco de lo habitual sin perder la base de la cocina castellana.
Fecha de publicación
23 de abril de 2026
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