
Si llevas un tiempo viviendo en Valladolid o vienes de visita, es casi imposible que no hayas oído hablar de La Mejillonera. Este local es una de esas instituciones que parece que siempre han estado ahí, y no es para menos, porque su historia en la ciudad empezó allá por 1967. Lo que comenzó como un proyecto familiar de Javier González Abadía se ha convertido en el sitio al que vas cuando buscas algo rápido, rico y que no te deje la cartera tiritando. Actualmente tienen dos locales en pleno centro: uno en la Calle Pasión 11, pegado a la Plaza Mayor, y otro más amplio en la Calle Héroes de Alcántara 8, que abrieron hace unos años pensando precisamente en ofrecer más espacio para comer sentado.
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Lo primero que tienes que saber es que aquí no vienes a buscar una cena romántica a la luz de las velas. El ambiente es puramente náutico, con madera y motivos marineros, y suele estar bastante concurrido. La dinámica es muy particular: el servicio es increíblemente rápido, tanto que a veces te traen las raciones casi antes de que termines de pedirlas. Un detalle curioso es que te cobran en el momento en que te sirven la comanda, algo que agiliza mucho las cosas si tienes prisa, aunque a algunos clientes recientes les ha parecido un poco precipitado, especialmente si vas cerca de la hora de cierre.
En cuanto a la comida, la carta es corta y va directa al grano. Los protagonistas absolutos son los mejillones, que traen frescos desde Galicia. Los preparan de cinco formas distintas, pero los mejillones a la escocesa (con una salsa de tomate picante) y los mejillones con mahonesa picante son los que más salen. Si prefieres algo más clásico, los tienes al vapor, a la marinera o a la vinagreta. Otro plato que no puede faltar en la mesa son sus patatas bravas. Ojo, porque aquí las patatas son cocidas, no fritas, y las bañan en una combinación de salsa blanca ligera y su famosa salsa roja picante. Es una receta propia que ha generado legiones de fans y algún que otro debate sobre si la patata debería ser frita, pero lo cierto es que es el sello de la casa.
Si te quedas con hambre, el bocadillo de calamares bravos es el otro gran reclamo. Usan un pan que suele estar crujiente y lo rellenan con anillas de calamar y esa salsa brava que tanto les caracteriza. También tienen chipirones fritos con padrones, pulpo a la gallega y unas croquetas de mejillón que sorprenden por su cremosidad. Los precios se mantienen en un rango bastante asequible, moviéndose normalmente entre los 10 y 20 euros por persona, dependiendo de cuántas raciones compartas.
Como punto importante a tener en cuenta, si tienes alguna alergia alimentaria, especialmente a los crustáceos o al gluten, debes tener mucho cuidado. Debido al tamaño de sus cocinas y al volumen de trabajo, el propio personal suele advertir sobre el riesgo de contaminación cruzada. Es un sitio de "batalla", ideal para un picoteo informal antes de seguir la ruta por el centro, pero quizás no el más adecuado si buscas tranquilidad absoluta o tienes restricciones alimentarias severas. Abre todos los días, con un horario partido que los viernes y sábados se alarga hasta la medianoche, lo que lo convierte en una opción socorrida para cerrar el día con un buen sabor de boca.
Fecha de publicación
27 de febrero de 2026
Sitio Web
Visitar WebUbicación
Cómo llegarPrecio
€€
Teléfono
616 17 75 29Cocina
Española, Tapas, Marisco, Tradicional
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