
Ayer lunes se confirmó que la veterana chalana de la Virgen del Carmen ha logrado superar su último naufragio. Esta embarcación de siete metros de eslora, que ya es un elemento inseparable del paisaje del Pisuerga, tiene una historia de resistencia que merece la pena conocer mientras se pasea por la zona de las Moreras. La barca que vemos hoy no es la original; fue adquirida en 2010 por 1.950 euros a un pescador de Málaga. La asociación Los Amigos del Pisuerga tuvo que buscarla de segunda mano después de que la anterior quedara destrozada durante una fuerte crecida del río en enero de aquel año. Desde su estreno en julio de 2010, esta chalana ha navegado las aguas vallisoletanas cargando con la imagen de la patrona de los marineros, aunque no sin dificultades.
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Si echamos la vista atrás, el historial de hundimientos de esta barca es notable. El 25 de marzo de 2025, hace casi un año, el río Pisuerga experimentó una crecida importante que alcanzó los 304 metros cúbicos por segundo a primera hora de la mañana. En aquel momento, la chalana estaba amarrada bajo el Puente de Poniente con tres cadenas. El problema fue que una de ellas resultó ser demasiado corta para el nivel que alcanzó el agua, lo que provocó que la embarcación volcara y quedara totalmente sumergida frente a las casetas de la asociación. No fue hasta mediados de abril de 2025, cuando el caudal bajó a niveles más manejables de 117 metros cúbicos por segundo, cuando los voluntarios pudieron iniciar el rescate. Tuvieron que arrastrarla hasta la orilla, amarrarla a un árbol y realizar un trabajo minucioso de vaciado con bombas de achique, secado y tratamiento con resina para asegurar que volviera a ser estanca.
Este reciente episodio de marzo de 2026, donde la barca ha vuelto a sufrir por la fuerza del río, nos recuerda la fragilidad de estas tradiciones. Actualmente, la chalana se encuentra en proceso de reparación con el objetivo de estar lista para la procesión fluvial del próximo 16 de julio. El punto donde suelen ocurrir estos incidentes está vigilado de forma simbólica por Quintín Martín desde su atalaya, situada justo frente a la caseta de los Amigos del Pisuerga. Es un lugar estratégico entre la playa de las Moreras y el Puente de Poniente, un puente que por cierto está viviendo su propia transformación. Inaugurado en 1960 y diseñado por el ingeniero Luis Díaz-Caneja Pando, este puente conectaba originalmente el paseo de Isabel la Católica con la avenida de Vicente Mortes bajo el nombre de José González Regueral, denominación que cambió en 2013.
Caminar por estas riberas es también hacer un viaje por la historia urbana de Valladolid. Mientras observamos los trabajos de ampliación del puente, que cuentan con una inversión de cinco millones de euros para mejorar la movilidad, podemos imaginar cómo era la margen izquierda hace siglos. Allí se asentaba el barrio de las Tenerías, dedicado al curtido de pieles desde finales del siglo XV, junto al paseo del Espolón Viejo. En la orilla contraria, la derecha, se levantaba el desaparecido Palacio de la Ribera, una obra de Pedro de Zubiaurre para Felipe III a principios del siglo XVII. El Pisuerga ha marcado siempre el ritmo de la ciudad, y aunque sus crecidas a veces pongan en aprietos a la chalana de la Virgen del Carmen, la persistencia de los voluntarios y la tradición de la procesión fluvial, que ya cuenta con un cuarto de siglo de historia, demuestran que la relación con el río sigue muy presente.
Fecha de publicación
17 de marzo de 2026
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