La gilda ha vuelto a las barras de Valladolid con una fuerza que pocos esperaban para un bocado tan sencillo. Este pincho, que muchos consideran el primero de la historia en el País Vasco allá por 1948, debe su nombre al personaje de Rita Hayworth: verde, salada y un poco picante. Aunque parezca algo de toda la vida, ahora vive una segunda juventud impulsada por redes sociales como Instagram o TikTok, donde la combinación de aceituna manzanilla, piparra y anchoa del Cantábrico se ha convertido en el acompañamiento estrella del vermú. Esta tendencia ha saltado incluso al mundo del diseño, con marcas que lanzan camisetas o accesorios inspirados en el pincho. En el centro de la ciudad, aunque todavía no han abierto locales dedicados en exclusiva a este encurtido, varios establecimientos han mantenido el nivel muy alto integrándola en su oferta de cocina en miniatura.
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Si empezamos el recorrido por la Plaza Mayor, la parada en Los Zagales, en la calle Pasión 13, permite ver cómo conviven los clásicos con las propuestas premiadas. Este local tiene un historial largo de reconocimientos, desde el Tigretostón que ganó el Concurso Nacional en 2010 hasta el más reciente Pincho de Cobre de 2024 con su creación Kojaz. Es un sitio con bastante movimiento, abierto todos los días de 13:00 a 16:00 y de 20:00 a 23:30. Los precios en barra suelen rondar los 4,95€, subiendo a 5,50€ si prefieres sentarte en mesa. Es un buen ejemplo de cómo un bar tradicional puede mantener el interés con nombres curiosos como 'Obama en la Casa Blanca' o el 'Puro de Sardina' sin perder la esencia del tapeo de siempre.
Cerca de allí, en la calle Correos, el ambiente cambia un poco pero la calidad se mantiene. En el número 2 está El Corcho, un sitio que mantiene una estética más clásica y es muy frecuentado por sus croquetas de jamón y los buñuelos de bacalao. Es una opción con precios que se mueven entre los 1,80€ y los 2€, lo que lo hace bastante accesible para un picoteo rápido antes de comer. Abren en el mismo horario de mediodía y noche que la mayoría de la zona, cerrando a las 23:30. Justo unos metros más allá, en el número 11, Jero ofrece una propuesta distinta con una barra larguísima donde se amontonan más de 30 tipos de pinchos. Es el lugar para quienes buscan variedad y rapidez, ya que su cocina en miniatura está pensada para probar varias cosas en poco tiempo.
Esta tendencia de los encurtidos y el vino no es solo una cuestión de nostalgia. La gilda funciona porque equilibra sabores fuertes —amargos, ácidos y picantes— que limpian el paladar entre tragos. En Valladolid, esta cultura del pincho está muy arraigada y ver cómo un aperitivo de hace casi ochenta años vuelve a estar de moda demuestra que los clásicos, cuando están bien hechos con buen producto, no necesitan mucho más para convencer. Ya sea en las barras más innovadoras o en las más tradicionales de la zona de la calle Correos y la Plaza Mayor, el ritual del vermú sigue girando en torno a estos pequeños bocados ensartados en un palillo.
Fecha de publicación
23 de marzo de 2026
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