Hay casas que llevan siglos esperando a que alguien les abra la puerta, y la Casa del Temple es una de ellas. Escondida en el Casco Histórico de Toledo, en la confluencia de las calles de San Miguel y Soledad, este palacio hispanomusulmán de época taifa y andalusí está a punto de dejar de ser un secreto para convertirse en uno de los grandes estrenos culturales de la ciudad. La apertura permanente está prevista para los últimos meses de 2026, y lo que se va a poder ver dentro merece la pena entenderlo antes de cruzar el umbral.
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El nombre engaña: no tiene nada que ver con los templarios, salvo por el uso que la orden le dio como casa-hospedería en el siglo XIV. En realidad, es una construcción andalusí original de los siglos XI y XII organizada en torno a un patio central, catalogada como Bien de Interés Cultural desde 2002. El recorrido empieza en el subsuelo, donde se conserva probablemente el salón más antiguo, de época califal, con sus paredes estucadas y una ornamentación bícroma que recuerda al arte mozárabe. En la planta baja, el salón del ala meridional guarda una puerta adintelada con yesería flanqueada por prótomos de león, enmarcada por una doble arquería geminada de herradura ligeramente apuntada y coronada por un arrabá con leyenda cúfica, datable a finales del siglo XII o principios del XIII.
El resto del edificio es un libro abierto sobre cómo se vivía y se construía en el Toledo islámico. En el porche elevado se conserva un complejo entramado de carpintería con partes talladas de las suras III y XLVIII del Corán, y el salón del ala oriental mantiene su techumbre a dos aguas con alero de canes tallados, posiblemente una de las estructuras de madera más antiguas conservadas in situ. La primera planta funciona como una casa-corredor, con acceso a la vivienda a través de la galería alta y un mirador abierto orientado al sur, mientras que la segunda planta es un añadido posterior sobre el edificio primitivo. El inmueble fue restaurado por su anterior propietario, Amador Valdés, que lo adquirió en 1994 y recibió el premio Europa Nostra en 1998; aparece incluso en guías del siglo XIX como Toledo Pintoresco y en la novela Ángel Guerra de Benito Pérez Galdós.
El cambio de manos es lo que ha hecho posible todo esto. Tras la venta al Ministerio de Cultura en 2023, el gobierno oficializó la cesión del edificio a la Fundación de Cultura Islámica (FUNCI) en octubre de 2025, con el acta de entrega firmada en el Museo Sefardí. La casa albergará el Centro de Estudios sobre el Toledo Islámico (CETI), que la FUNCI impulsará con encuentros, talleres, ciclos de conferencias, cursos de formación y un fondo bibliográfico de referencia. Mientras llega la apertura general, el edificio ha ido asomando la cabeza en eventos puntuales: en la Noche de los Museos del 16 de mayo se ofrecieron mini-visitas guiadas, y el 20 de junio, en el Día del Patrimonio Andalusí, se pudo recorrer bajo el título «Legado Andalusí». La cuenta atrás ahora apunta a los últimos meses del año, cuando el palacio abrirá sus puertas de forma permanente.
Fecha de publicación
23 de julio de 2026
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