
Terrassa ha servido de escenario para varias escenas de '33 días', la nueva serie de ficción dirigida por Carles Porta i Gaset (Vilasana, 1963), que se estrenó en Atresplayer el domingo 7 de junio. La trama reconstruye la fuga de los criminales Manuel Brito Navarro y Francisco Javier Picatoste Arnaldo de la cárcel de Ponent, en Lérida, en 2001, y el rodaje en la ciudad dejó anécdotas que dan para mucho, como una noche en la que no había ranas pero se podían grabar por el ruido que hacían, y en la que el técnico de sonido tuvo que intentar callarlas con sonidos de depredadores.
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Los protagonistas son José Manuel Poga y Julián Villagrán Aguilar (Trebujena, Cádiz, 1973). Poga interpreta a Calatrava, basado en el personaje real de Brito, un tipo marginal y sin sentimientos; Villagrán encarna a Prieto, inspirado en Picatoste, un hombre con cultura que estudiaba, pintaba y escribía en la cárcel y que era VIH positivo. Para preparar los papeles, los actores consultaron material del caso real, con grabaciones del juicio y expedientes psiquiátricos incluidos: Villagrán memorizó parlamentos del personaje real para captar su cadencia y tono, y Poga partió de la voz del personaje en el juicio y de su forma física, llegando a perder diez kilos para el papel. Ambos ya conocían el caso: Poga por su paso por 'Crims', donde fue la víctima en 'El cuerpo en llamas', y Villagrán porque, al saber que iba a hacer la serie, descubrió que el caso era muy conocido en Barcelona, donde su familia vive cerca de Collserola.
El caso real ocurrió el domingo 14 de octubre de 2001. Brito y Picatoste, que coincidieron en la cárcel de Ponent y mantuvieron contacto durante un año ideando un lenguaje de señas, aprovecharon un traslado hospitalario: Brito se provocó un traumatismo en el brazo y fue acompañado por dos mozos de escuadra al Hospital Arnau de Vilanova; tras el examen y el enyesado, Picatoste disparó contra los dos agentes, hurtaron sus armas y huyeron en un coche que abandonaron en el barrio de Magraners, en Lérida, para seguir a pie hacia la sierra de Collserola. En la carretera de Sardañola se toparon con una pareja, un chico de 23 años y su novia; Brito disparó al conductor hasta vaciar el cargador, y la joven fue maniatada en un árbol con bridas y un cuchillo y víctima de una agresión sexual. La relación entre los fugados empezó a fragmentarse tras ese hecho. La detención llegó la noche del 16 de noviembre, en la carretera de la Rabassada, en la bifurcación que lleva al parque del Tibidabo o a San Cugat del Vallés, cuando una tercera persona, Antonio Pavón, se había citado con ellos en un punto de la montaña y fueron sorprendidos por más de una docena de mozos del Grupo Especial de Intervención, sin incidentes ni disparos.
El juicio se celebró del 23 de mayo al 2 de junio de 2005 en la Sección Tercera de la Audiencia de Barcelona, con nueve delitos acusados, entre ellos un asesinato consumado, dos en tentativa, detención ilegal y, en el caso de Brito, violación. Se juzgó también a cinco personas acusadas de ayudarles en la huida: el tribunal absolvió a dos cómplices e impuso penas menores, de hasta un año y ocho meses, a los otros tres. Las condenas finales fueron un asesinato consumado, dos intentos de asesinato contra los dos mozos de escuadra, robo con violencia y rotura de condena; a Brito, además, se le sumaron otros quince años y medio por la agresión sexual. En total, Brito fue condenado a 76 años y dos meses y Picatoste a 62 años y ocho meses. La Audiencia de Barcelona absolvió a la Generalitat, pero el Tribunal Supremo, en febrero de 2007, la declaró responsable civil subsidiaria y la obligó a pagar 2,7 millones de euros a las víctimas: los dos mozos heridos de gravedad, uno parapléjico y otro con una bala alojada en la columna vertebral, los familiares del chico asesinado y los de la chica violada.
Fecha de publicación
27 de julio de 2026
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