
Terrassa tiene una forma muy concreta de comer: mirar al Vallès y cocinar lo que hay cerca. Desde 2011, la marca Terrassa Gastronómica —un proyecto del Ayuntamiento con el Gremi Empresarial d'Hostaleria, el Col·lectiu SlowFood-Restaurants KM0 y la Fundació Miquel Agustí— agrupa a los establecimientos que apuestan por el producto local y de temporada. En pleno agosto, esa filosofía se nota más que nunca.
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Para empezar con algo elaborado, L'Indret, en la calle Escaletes, 8, es cocina bistronómica con personalidad: menú de degustación por 60 euros (y 16,50 al mediodía), con platos como el tartar de zanahoria con escalivada, gambas con apionabo y chorizo ibérico, o el bacalao con pies de cerdo. Si prefieres algo más íntimo, Colmado 1917, en la calle Granius, 4, es cocina de mercado con mínima intervención —sin fuegos ni hornos industriales— y aforo para ocho personas: caldo de judía del ganxet fermentada, pâté de higadillos de pollo de corral o un buñuelo abriochado de brandada de bacalao.
El mercado es otro gran protagonista. Cresol, La Cuina del Mercat, dentro del Mercat de la Independència (calle de la Goleta, 21), abre de martes a sábado y sirve civet de jabalí marinado 48 horas, fricandó de níscalos y tortilla de patatas. En la calle d'Arquímedes, 120, L'Artesanna mantiene la cocina catalana con escudella de galets con calabaza, coca de sardinas y crema de calabacín con rebozuelos. Para tapear sin pretensiones, Tocaboires, en la calle d'Iscle Soler, 4, saca bocadillo de brioche de calamares con mayonesa de naranja, alcachofa con provolone y patatas bravas a la plancha.
Si buscas algo más elaborado, El Cel de les Oques, en la calle de la Palla, 15, trabaja la cocina catalana contemporánea con corvina con fondo anisado o rigatoni a la crema de trompetas de la muerte y trufa. Y para el plan familiar, La Taverna del Ciri, en la calle d'Antoni Torrella, 66, es la cocina popular de Marc Ribas: albóndigas con tomate, su ensaladilla rusa —finalista en 2019— y butifarra terregada. Sa Illa, en la Plaça de Salvador Espriu, 3, trae sabor menorquín con ensaïmadas artesanas y sobrasada, pero con producto local: huevos de Granja Comallonga de Santpedor y café Dern tostado en Terrassa.
El dulce y el picoteo cierran el círculo. La Xicra Pastisseria, en la calle d'Emili Badiella, 18, es obrador con croissants, cinnamon rolls y tartas sin gluten. Y para quien quiera seguir la pista de la alta cocina local, El Buen Gusto 1952, en el Carrer del Pare Millán, 140, funciona ahora como tasca con butifarra terregada y trinxat del Vallès con alubias del ganxet, con los postres que vienen directamente de La Xicra. Es una buena muestra de cómo Terrassa ha convertido el comer de proximidad en una ruta completa.
Fecha de publicación
22 de agosto de 2026
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