
Hay noches que se quedan en la memoria del barrio mucho después de que se apague la última nota, y la del pasado martes 12 de agosto fue una de ellas. La plaza de La Viña, en Telde, se convirtió en escenario de La Viña en Punto: Versos, Cuerdas y Canciones, un espectáculo de música popular canaria que reunió versos, cuerdas y canciones en directo durante cerca de dos horas. La cita formaba parte del programa de las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Paloma, y convirtió el corazón del barrio en un punto de encuentro donde la tradición y la interpretación se dieron la mano.
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Lo que hizo especial la velada fue, sobre todo, el carácter participativo. No fue un concierto para mirar desde lejos, sino una sesión en la que el público formaba parte del ambiente, con el repertorio moviéndose entre puntos cubanos, folías y malagueñas, géneros que llevan décadas sonando en las casas y en las plazas de las islas. Sobre el escenario se repartieron el protagonismo José María Dávila, Thania Gil, Ner Suárez, Adriana Medina, Tania Cantallops, Fernando Suárez, Luz Valerón y Saulo Armas, que fueron alternando voces e instrumentos a lo largo de las dos horas, sin que nadie se colgara la medalla en solitario.
Detrás de una noche así hay más trabajo del que se ve desde la plaza. El montaje fue gratuito y lo organizaron tres entidades del propio barrio: la Asociación de Vecinos de La Viña, el Centro Cultural La Viña y el Centro de Día La Viña, con la producción de La Alpispa Producciones y la implicación directa de una vecina, Raquel, que puso su grano de arena para que todo saliera adelante. Esa mezcla de asociaciones vecinales, centro cultural y centro de día es precisamente lo que le da sentido a un plan como este: no se trata solo de escuchar música, sino de ver cómo un barrio se organiza para hacerse su propio espacio cultural.
La elección del repertorio tampoco fue casual. Los puntos cubanos, las folías y las malagueñas son piezas fundamentales del cancionero canario, y escucharlas en directo, en una plaza y con artistas locales, es otra cosa distinta a poner un disco. La velada se alargó cerca de dos horas, tiempo suficiente para que cada género tuviera su momento y para que el público pudiera seguir el hilo sin prisas, con la música como hilo conductor de una noche que unió tradición, interpretación y encuentro ciudadano.
Para un barrio con tanta solera como La Viña, una cita así encaja a la perfección. La plaza, que el resto del año es lugar de paso y de vida cotidiana, se transformó durante esas dos horas en un pequeño auditorio al aire libre, con el público escuchando atento y los artistas respondiendo con un repertorio que no deja indiferente a quien tenga un vínculo con la música de las islas. Fue, en resumen, una noche en la que La Viña demostró que su plaza sigue siendo uno de los mejores escenarios para cerrar la semana con cultura en vivo y en directo.
Fecha de publicación
14 de agosto de 2026
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