
El Puerto Pesquero de San Cristóbal abrió sus puertas el pasado martes 28 de julio en lo que se llamó la 'Jornada de Puertos Abiertos a la Ciudadanía', una mañana pensada para que cualquiera pudiera acercarse a conocer la pesca y los oficios del mar desde adentro. La cita se celebró entre las 9:15 y las 14:00 horas bajo el lema 'Una mañana para descubrir, aprender y disfrutar del sector pesquero', y reunió en el muelle a familias enteras interesadas en entender qué pasa detrás de las redes.
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La jornada fue impulsada por Ecopuertos Inteligentes y Turismo Marinero San Cristóbal, con la colaboración de Puertos Canarios y Pescatobal, y contó con la presencia de representantes y oficiales de Puertos Canarios llegados desde todas las islas. El programa se repartió en varias estaciones: hubo una bienvenida institucional, el taller 'El sabio del mar' dedicado a la frescura y calidad del pescado, una demostración de los oficios tradicionales y las artes de pesca, una experiencia inmersiva multisensorial y un encuentro con artesanas del mar. Uno de los momentos más apreciados fue el taller práctico de nudos marineros, impartido por el pescador José María, que lleva 52 años en el oficio. A las 12:00 se reservó un espacio para atender a los medios, y el cierre llegó con una obra de teatro promovida por Puertos Canarios y la actividad gastronómica 'Del mar al plato', que combinó la cocina marinera tradicional con nuevas formas de presentar el producto pesquero local.
Para quien no conozca el sitio, el Puerto de San Cristóbal es el único puerto pesquero de importancia de la capital y el único Barrio Marinero de la ciudad. Está en la costa sur, con más de 150 años de historia y un núcleo de casas asentadas a pocos metros del mar, alrededor de un pequeño puerto que data de 1980. Su elemento más reconocible es la Torre de San Pedro, declarada monumento histórico artístico en 1922 y conocida popularmente como el Castillo de San Cristóbal, una fortaleza levantada sobre el mar para defender y vigilar la entrada a la ciudad.
Los marineros del barrio guardan memoria de tiempos que ya no existen: el chinchorro, ese arte de arrastre tradicional prohibido hace años; el 'alga de millo', el cangrejo blanco y los mejillones que se recogían directamente de las rocas. A pesar de esos recuerdos, el puerto sigue muy vivo: sus marineros abastecen a diario las pescaderías de la ciudad y las embarcaciones de pesca tradicional mantienen el lugar en funcionamiento. La jornada de puertas abiertas sirvió precisamente para eso, para recordar que detrás del pescado que llega a las tiendas hay un oficio con historia y gente que lleva toda la vida ligada al mar. Si te lo perdiste, queda como referencia para futuras ediciones, porque es de esas mañanas que explican un trozo de la ciudad que pasa desapercibido para casi todo el mundo.
Fecha de publicación
30 de julio de 2026
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