
En Telde hay un edificio que lleva años funcionando como sede cultural y que ahora se ha propuesto algo más: que su maquinaria vuelva a contar su historia. El Círculo Cultural ha impulsado un estudio técnico-etnográfico para recuperar y poner en valor la maquinaria del Molino del Conde, un hito del patrimonio industrial de la ciudad, con la idea de que el Molino Grande acabe convirtiéndose en un espacio museístico vivo, con actividades educativas, visitas interpretativas y propuestas de memoria histórica. El proyecto se solicitó el 3 de julio de 2026, con el respaldo de la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (FEDAC) y el asesoramiento de ADEPATEL, y lo llevará a cabo la doctora Amara Florido Castro, especialista en Historia del Arte con trayectoria en la investigación del patrimonio industrial de Canarias.
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Para entender qué es lo que se quiere rescatar, conviene mirar dentro. El Molino del Conde, también conocido como Molino Grande o Molino de El Roque, es un Bien de Interés Cultural de propiedad municipal situado en la calle del Roque, en el barrio de Los Llanos de San Gregorio, en una zona históricamente llamada Arnao. Se trata de uno de los pocos molinos de agua de tipo vertical o aceña que quedan en Gran Canaria y, junto a la Noria de Jinámar, forma parte de las innovaciones tecnológicas de la segunda Revolución Industrial en mecánica hidráulica que se introdujeron a mediados del siglo XIX. El edificio se asienta sobre una parcela rectangular de unos 331 metros cuadrados, en dos plantas con patio interior abierto, tejado a cuatro aguas y azotea. La planta baja alberga la rueda hidráulica o aceña, con un eje horizontal de madera de 3,40 metros de largo y 63 centímetros de diámetro reforzado con seis aros metálicos; según Juan Díaz Rodríguez, la potencia transmitida rondaba los 15 caballos. El sistema de transmisión, en un recinto de unos 42 metros cuadrados, se compone de coronas o ruedas dentadas de hierro fundido, con una gran rueda vertical de ocho radios y 1,86 metros de diámetro. Cerca de la puerta de la sala de máquinas se puede leer la inscripción «23-6-1956».
En el salón de molienda, de unos 81 metros cuadrados y estructura de madera, se conservan dos unidades de molturación sobre elevada, una desgranadora y una limpiadora de cereales, mientras que en el sótano quedan los restos del eje vertical o aceña. Entre los bienes muebles vinculados están las dos piedras de molturación, con fechas de 1969 y 1970, dos guardapolvos o tambores, bancos, un botagrano, el Pescante —un tornillo giratorio vertical de 1,30 metros— y una desgranadora y cernidora manual. En la azotea hay dos silos de hormigón con capacidad para unos 500 kilos cada uno, y en el patio, una tostadora industrial de hierro muy deteriorada, dos aljibes soterrados y tres estancias vacías.
La historia del molino es tan larga como su maquinaria. Su construcción fue solicitada el 10 de junio de 1829 por el cuarto conde de la Vega Grande de Guadalupe, don Agustín del Castillo Bethencourt, que había viajado por Inglaterra, Italia y Francia e introdujo en las islas las semillas del tomate y realizó ensayos con el tabaco y el gusho de seda. Las obras no empezaron hasta 1841 y en 1846 ya estaba fabricado. En 1950 el molino alcanzaba una producción de 2.500 kilos de molienda por jornada, y cerró definitivamente en 1970. La familia condal llegó a poseer hasta siete molinos harineros repartidos por Firgas, Las Palmas, Telde, Valsequillo, Maspalomas y Samarín, y acabó cediendo este al Ayuntamiento de Telde. Hoy, el Círculo Cultural tiene allí su sede en convenio municipal, y su nueva junta directiva, elegida tras los comicios del 26 de marzo de 2025, ha puesto la conservación del patrimonio histórico entre sus prioridades.
Fecha de publicación
24 de agosto de 2026
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