
Tarragona tiene una cara que no siempre sale en las guías: la del mar. Para verla bien, lo mejor es seguir los Caminos de Ronda, el tramo del GR92 que bordea la costa y que se reconoce por las marcas rojas y blancas en las rocas y los árboles. Es un sendero que une pueblos y calas que no se alcanzan en coche, y que en verano se convierte en una ruta redonda para pasar el día.
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El punto de partida natural es el Serrallo, el barrio marinero construido a partir del siglo XIX. Aquí el ritmo lo marca la lonja: de junio a septiembre, los martes y jueves a las 17:00 se subasta el pescado fresco, y el Muelle de Pescadores conserva ese ambiente de trabajo diario. Desde ahí, el camino se aleja del asfalto y se interna por la zona de Llevant, entre acantilados y pinares, donde aparecen calas que no figuran en los mapas turísticos.
La primera parada grande es la Platja Llarga, casi tres kilómetros de arena fina en una zona boscosa, a unos cuatro kilómetros del centro. Es el sitio ideal para caminar o hacer paddle surf antes de seguir por el sendero. A partir de ahí, el GR92 se pone interesante: entre la Platja Llarga y Tamarit quedan escondidas la Cala Fonda, conocida como Waikiki, una cala naturista de aguas cristalinas y arena fina encajonada entre acantilados de pinos, y la Cala Jovera, una pequeña ensenada virgen a los pies del Castillo de Tamarit, perfecta para hacer snorkel. Más adelante, en la zona de Llevant, aparecen la Cala Becs y la Cala Calabecs, dos rincones pintorescos y tranquilos.
Si te quedas más cerca del casco urbano, hay opciones más cómodas. La Platja del Miracle es la más cercana al centro y a la estación de tren, a unos diez minutos a pie, con arena dorada y servicios completos; es también el escenario del Concurso Internacional de Focs d'Artifici que se celebra cada año en junio o la primera semana de julio. La Platja de l'Arrabassada, en el Paseo Marítimo Rafael Casanova, suma Bandera Azul y alquiler de sombrillas.
El camino no se detiene en Tarragona. Siguiendo la costa se llega a Altafulla, con su castillo de Tamarit y su villa romana; a Roda de Berà, donde están el Arco de Bará y el Museo de la Radio Luis del Olmo, inaugurado en 2012; a L'Ametlla de Mar, famosa por su atún rojo y sus calas vírgenes; a Salou, capital de la Costa Dorada; y a Cambrils, con un paseo marítimo de casi nueve kilómetros. Dependiendo del tramo que elijas, la ruta ronda los 14 o los 19,6 kilómetros, así que conviene planificarla con calma. Sea cual sea la variante, lo interesante es lo mismo: cambiar el asfalto por el sendero y descubrir una costa que solo se ve yendo a pie.
Fecha de publicación
9 de agosto de 2026