
Hay edificios que cuentan la historia de una ciudad entera sin moverse del sitio, y la Catedral Basílica Metropolitana y Primada de Santa Tecla de Tarragona es uno de ellos. Lo que a primera vista parece una iglesia románica es, en realidad, un palimpsesto de piedra: en su subsuelo se conserva un conjunto arqueológico romano y visigodo que deja ver las capas históricas sobre las que se ha ido construyendo la ciudad. La visita cultural que ofrece el templo permite bajar y descubrir esos restos, algo que da otra lectura a lo que se ve desde arriba.
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Para entenderlo hay que mirar hacia abajo. En el lugar donde hoy se alza la catedral, hace más de dos mil años hubo un templo romano dedicado al culto imperial del emperador Augusto, que luego fue sustituido por una catedral visigótica y, según algunas fuentes, por una mezquita árabe. La catedral actual se levantó a partir del siglo XII en estilo románico y se fue prolongando durante siglos, mezclando románico, gótico, Renacimiento, Barroco y Neoclasicismo. Se consagró en el siglo XIV, aunque la construcción se interrumpió en ese mismo siglo por la peste negra, que dejó la fachada con ese aspecto de obra inacabada. Fue declarada Monumento Nacional el 3 de abril de 1905 y es Patrimonio de la Humanidad.
Por dentro, el edificio es una transición entre el románico y el gótico, con planta basilical de cruz latina, tres naves y un transepto bien definido. La nave central alcanza los veintiséis metros de altura, más doce del cimborio, con unos 16,50 metros de anchura y cerca de cien metros de largo. El gran rosetón de la fachada principal, de once metros de diámetro exterior y doce rayos, se considera el más grande de Cataluña. En el exterior, sobre la puerta lateral derecha, está incrustado el sarcófago de Betesda, una pieza romana de época tardía, del siglo IV o de los años 370-400, con escenas de la vida de Cristo. El interior guarda centenares de capiteles historiados, un claustro de cuarenta y siete por cuarenta y seis metros con inscripciones medievales y restos de la antigua Tarraco, y el Museo Diocesano, instalado desde 1914 en dependencias del claustro, con unas seis mil piezas —de las que se muestran unas trescientas cincuenta— entre las que figuran el sarcófago de Apolo y las nueve Musas.
Entre sus tesoros están el órgano mayor, proyectado en 1560 por Mossèn Jaume Amigó y reformado en 1974, y el nuevo órgano romántico, con 2.712 tubos y 53 registros, inaugurado el 16 de junio de 2013. La catedral custodia también la reliquia del brazo de Santa Tecla, patrona de la ciudad, en un armario relicario de la capilla mayor; llegó desde Armenia el 17 de mayo de 1321 y ese trayecto marcó el inicio de las Fiestas de Santa Tecla, la fiesta mayor, que se celebran del 15 al 24 de septiembre. El eje es el Seguici Popular, que el día 23 abre paso a la reliquia por el casco antiguo con bailes tradicionales, castells, correfocs y fuegos artificiales.
La catedral ofrece visitas culturales para explorar su historia y arquitectura. Abre de lunes a sábado de 10:00 a 19:00 y los domingos de 10:00 a 13:00. Para más información, el teléfono es el 977 22 22 22, el correo info@catedraltarragona.cat y la web www.catedraltarragona.cat.
Fecha de publicación
22 de agosto de 2026
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