
Hay planes de final de verano que no fallan, y subir al Faro de Torredembarra es uno de ellos. La torre, obra del arquitecto Josep Llinàs i Cardoma, tiene una historia curiosa: es el último faro construido en el siglo XX y el primero en encenderse en el XXI, el 1 de enero de 2000. Con 38 metros sobre el suelo y 58 sobre el nivel del mar, es la más alta de los faros de Cataluña y cubre la zona entre Salou y Vilanova i la Geltrú. La linterna, de hierro fundido y tres metros de diámetro, funciona con dos lámparas de descarga de 400 W que lanzan cinco destellos cada treinta segundos y alcanzan más de diecisiete millas.
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La visita tiene su punto de esfuerzo. Se sube por una escalera de caracol de 217 escalones y 48 ventanas hasta la linterna, y no hay ascensor ni ayuda para personas con movilidad reducida. Arriba, la torre se convierte en mirador con ocho ventanales de doble vidrio ultravioleta: hacia el sur se ve el Cabo de Salou y hacia el noroeste, la Central Térmica de Foix y Vilanova i la Geltrú. Las visitas guiadas se hacen en grupos de cinco personas como máximo y no admiten carrito de bebé ni silla de ruedas; tampoco se recomienda subir a mujeres embarazadas ni a personas con dolencia cardíaca. El horario es de 9:00 a 18:00, la tarifa general cuesta 3 € y la reducida 1,50 € para menores de 18 años, titulares del Carnet Jove, grupos escolares de más de veinte personas, familias numerosas o monoparentales, personas con discapacidad, mayores de 65 años, personas en paro, jubiladas y pensionistas. Para hacer el recorrido en inglés, francés o alemán hay que contactar con la Oficina de Turismo, y una vez comprada la entrada no se devuelve el importe, salvo que la Concejalía de Turismo cancele la visita por mal tiempo o fuerza mayor.
El entorno da para alargar la tarde. A un paso está la Torre de la Vila, el edificio más antiguo del municipio, de estilo mudéjar, planta cuadrada y almenada, con ventanas góticas y posiblemente construida en el siglo XI. Declarada Bien Cultural de Interés Nacional, en 2026 el Ayuntamiento aprobó un proyecto de rehabilitación de 226.000 euros y seis meses de obras para recuperar su lustre medieval, con foco en las filtraciones de agua y el cambio de los forjados y la escalera de madera por estructuras metálicas; el concejal de Cultura, Daniel Pujol, espera abrirla a visitas puntuales y excursiones escolares, aunque aún no hay calendario. En su jardín hay un sillar en homenaje a quienes lucharon el 16 de julio de 1713 en la batalla de Torredembarra, durante la Guerra de Sucesión.
Cerca queda también la Iglesia Parroquial de San Pedro, de estilo renacentista-barroco y tres naves, levantada entre los siglos XV y XVIII sobre un templo anterior del XIII. Conserva el órgano barroco de 1705, restaurado en 1979, y el cuadro de Santa Rosalía. Y si el plan se vuelve arqueológico, la Villa del Moro es un yacimiento romano con termas, área de servicios y sector residencial, repartido en dos fases constructivas entre el siglo II a.C. y el II d.C., que el Ayuntamiento quiere transformar a medio plazo en recurso turístico con recorridos guiados.
Fecha de publicación
25 de agosto de 2026